Perfil
12 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Llamado a suceder a Pérez Castrillo al mando del grupo municipal nacionalista, Santiago Domínguez Olveira pasa por ser el rostro amable del Bloque en Vigo y cuenta con el pleno respaldo de Quintana para batirse en duelo con las urnas en las próximas elecciones municipales. Este licenciado en Filoloxía y adiestrador nacional de baloncesto fue afiliado a la USO (sindicato al que la CIG tacha de amarillo) y desde las filas del BNG se le relacionó con organizaciones juveniles socialcristianas. Todavía hoy admite ser un católico practicante y recuerda orgulloso su ejercicio como docente en el colegio religioso San José de Teis. Puede que su curriculum no tenga un estricto pedigrí de izquierdas, pero hasta los más radicales del bando nacionalista ven hoy con buenos ojos que Domínguez Olveira asuma el reto de relanzar a la formación frentista en Vigo, algo que sin duda allanará su camino en cuanto sea propuesto para ello desde el puente de mando del Bloque. Santiago, Santi para todos los militantes, amaneció a la política de la mano de Castrillo en 1995 y maduró en el Concello vigués como responsable de Sanidade, Xuventud y Deportes cuando su grupo controlaba la alcaldía. En cuatro años se fraguó a pulso una imagen de cercanía que no todos los concejales de su grupo supieron ganarse y ya entonces se le consideró desde un amplio sector de la militancia como el recambio natural del alcalde. Su inquebrantable respeto orgánico le impidió siempre admitir su condición de delfín en Vigo, pese a que el propio Anxo Quintana lo señaló como su hombre de peso en esta ciudad al adjudicarle la responsabilidad de la Comunicación en la renovada ejecutiva nacional del Bloque e incluirlo en la última candidatura al Senado. Al margen de su pasión por el deporte (dicen que le costó asumir la concejalía de Cultura en la última negociación con el PSOE, con Pérez Mariño como alcalde), a Santi se le considera un hombre disciplinado, algo que algunas voces interpretan como un paso más en el camino hacia una moción de censura contra el PP antes incluso de las próximas autonómicas. Sin embargo, quienes conocen la compleja maraña del consistorio vigués lo ven sólo como un buen primer paso para limar asperezas, porque algunas aristas como la del Plan General todavía gotean sangre.