Nimiedades de circunstancias

| PABLOS |

VIGO

MÁS de una vez hemos aceptado el teatro de puro entretenimiento. Esa acción escénica que pretende únicamente distraer al espectador con amenidad. Sin embargo, también ese recipiente de amplia boca tiene sus límites, los que no debe sobrepasar un espectáculo que se precie. Y Con las alas cortadas, título que se ha dado en la traducción española a April in París, de John Godber, las supera con creces. De manera que, en definitiva, no es sino un conjunto de nimiedades de circunstancias que, para interesar, debería contar con dos actores consumados. Y Juan Gea, y más aún Blancha Marsillach, no lo son, por más que en el programa la adaptadora y directora Ana Diosdado, de probada tradición teatral inclusive por genes -es hija de Enrique Diosdado y Amelia de la Torre- nos prometa que se entregan y dan cuanto llevan dentro. Si eso es verdad, es que la actriz, hija del inolvidable Adolfo Marsillach, contiene tan poco que por más que todo lo dé, apenas da nada en su constante saltar de aquí para allá, de chillar y de decir su papel en tono moncorde, sin inflexiones, sin transiciones, sin cambios de ánimo, tan inexcusables en la turbulenta vida de joven esposa que se ilusiona con el premio de un concurso televisivo que es, precisamente, el viaje a París. Sólo un gran autor es capaz de hacer interesante lo intrascendente. Sólo grandes actores pueden salvar una comedia de texto casi anodino. Así que imagine el lector qué ocurre en esta ocasión, en la que ni siquiera un ingenioso pero escueto decorado da un poco de ritmo a escenas de vida vulgar. Ya decía Ethel Barrymore que el papel más difícil era el de Julieta, porque cuando se tenía la edad adecuada, faltaba experiencia, y cuando se contaba con ésta, desgraciadamente la edad adecuada estaba ya muy lejana. Algo así puede decirse de esta comedia.