El cocido de los ex concejales

La Voz

VIGO

XOÁN CARLOS GIL

Acudieron todos (algunos en espíritu por motivos ajenos a su voluntad). La disculpa fue la degustación de un suculento cocido a propósito del Carnaval, aunque el verdadero y auténtico motivo, fue el reencuentro de antiguos colegas de corporación. En concreto, la que salió de las elecciones de 1999. La única condición, además de dejar las siglas aparcadas fuera, era no ser concejal en activo, lo que cerró la puerta a los siete contados que aún ocupan despacho en la praza do Rei. La idea, cómo no, fue de Isaura Abelarias, que parece que no ha olvidado sus días al frente de la cosa festiva. Primero eligió fecha y lugar; después echó mano de la agenda de teléfonos y, sin olvidarse de nadie, la recorrió sin prisa de la A a la Z. «¡Qué gran idea! Contar conmigo» fue, con pequeñas variantes, la respuesta tipo. Los que aportaron justificante Los contados que, finalmente, no asistieron tenían motivos de fuerza mayor: Alfredo Rodríguez estaba en Tarragona acompañando al Celta, Carlos Príncipe sufre una gripe que hasta le ha privado del habla (pues sí que le ha dado con fuerza), Carmen Bianchi tenía una fiesta de cumpleaños ineudible (aunque pidió que se le guardara postre). Algo parecido le ocurrió a Dolores Villarino, que también tenía intención de sumarse a la hora del café, Carmen Corbalán está de viaje, Paco Doblas se recupera de un pequeño arrechucho y Juan Corral, que fue uno de los primeros en confirmar, luego tuvo que desdecirse, porque le asignaron un trabajo inaplazable, niñero de sus nietas a muchos kilómetros de Vigo. Lilian Álvarez fue la única que dijo no sin adjetivos. En resumen, que, al final, ayer compartieron mesa y mantel en un restaurante de la calle Manuel Núñez Ana Gandón, Xoaquín de Acosta, Hernique Viéitez (coló porque aún o ha tomado posesión tras la dimisión de Castrillo), Delfín Fernández, Mariló Cabaleiro, Uxio González, Jacinto Lareo, Pablo Vázqez, Marta Iglesias, Marisa Outón, Juan Carlos Toscano, Manuel Novoa, Monteserrat Otero y, por supuesto, Isaura Abelairas. Un espía que también trasegaba lacón, cacheira, chorizo y verdura en la mesa contigua intentó ponerme al corriente de lo que allí se habló. Y digo bien intentó, porque entre tanta conversación cruzada no fue capaz de enterarse de mucho. Al parecer, contribuyó el revuelto de letras que se marcaron. Que si los populares defendiendo las tesis de Magdalena Álvarez sobre el AVE, que si los socialistas piropeando a Rajoy, que si los nacionalistas defendiendo el sí a la Constitución europea... «En fin, un verdadero galimatías», me dijo el espía. El pobre no cayó en la cuenta de que estamos en Carnaval y vale lucir careta.