La muerte fue telonera del rock

VIGO

Reportaje | Juicio por el apuñalamiento de un hombre frente al parque de Castrelos Mientras el grupo de música Los Suaves se preparaba para salir al escenario, Ramón Ruade Martínez teñía de sangre la cálida noche, acuchillando por celos a Laureano Cabral Pérez

16 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Calimocho y tranquimazin, tres litros para tres y cinco pastillas en el gañote. Para mantener el puntito. Ramón Ruade lleva muchos años manteniendo el puntito. Demasiados. Ha intentado salir de las drogas en cinco ocasiones. «Por desgracia no lo he logrado». El 13 de agosto del 2003 se le fue la olla. Es lo que cuenta. Esa noche apuñaló certeramente en el pecho y en el costado a un conocido, Laureano Cabral Pérez, de 36 años. El delito de Laureano había sido salir con la ex de Ramón Ruade. Conocidos de Cedro Ramón conocía a Laureano del centro de tratamiento para toxicómanos Cedro, al que ambos acudían habitualmente. En estas dependencias, situada en la calle Pintor Colmeiro, reciben sus dosis de metadona más de un millar de drogadictos de Vigo y comarca. Con la metadona no sufren el síndrome de abstinencia y no se ven obligados a delinquir. De hecho Ramón Ruade no tiene antecedentes penales, según pone de relieve su abogado, el letrado Javier Pérez Estévez, al que le ha tocado el caso por el turno de oficio. Ramón Ruade no parecía ayer un delincuente al uso sino un extra del último filme de Santiago Segura, ya que iba ataviado como los pijos de los 80, con jersey azul marino, naúticos y pantalón Lee de color beige. Ruade había estado saliendo durante cuatro años y siete meses con Aurora Mercedes Álvarez. Según el propio Ramón hacía poco que se había roto la relación. Una amiga suya, Concepción González Rincón, aseguró que cuando sucedieron los hechos el agresor seguía saliendo con Aurora. Esta última no ha llegado a testificar. Ninguna de las partes lo considera necesario. Concepción González Rincón vivía en una tienda de campaña en la primera playa de Alcabre en aquel fatídico verano del 2003. A las cinco de la tarde fueron a recogerla sus amigos Ramón Ruade y Nino Pinzás. Nino está también en la cárcel en la actualidad, pero por otros motivos ajenos al caso. Para hacer más ameno el trayecto, Nino y Ramón llevaban dos cartones de vino barato y una botella de Coca Cola. Con estos ingredientes se elabora el calimocho, la popular bebida cuartelera que permite unas alegrías baratas. Pasito a pasito, por las muletas que llevaba Conchita, los tres se fueron acercando a la zona del parque de Castrelos. Allí tocaba esa noche el grupo ourensano de heavy rock Los Suaves. Pero antes de que arrancaran los primeros acordes, en la cafetería La Marquesa se inició lo que sería a la postre un trágico final. Laureano y Aurora Mercedes estaban tomando algo en la cafetería en la que paraban frecuentemente. En palabras de Aurora Mercedes Álvarez «habíamos estado merendando en el parque de Castrelos e ibamos a marcharnos después a Valladares». Pero llegó el grupo formado por Nino, Conchi y Ramón y se pidieron un sol y sombra. No les dio tiempo a tomarlo porque enseguida empezó una discusión entre Ramón y Laureano. La camarera les obligó a que abandonasen el local. Fuera todo transcurrió muy rápido. Ramón Ruade se sacó un cuchillo de cocina que llevaba oculto en la cintura y le asestó tres rápidas puñaladas a Laureano, que no tuvo tiempo ni de realizar un amago para defenderse, según puso de manifiesto el médico forense. «Yo reaccioné mal cuando los vi juntos, soy muy celoso. Le metí las puñaladas conscientemente -contestó a preguntas del fiscal-. El cuchillo me lo dio Concepción al salir de su tienda de campaña». Es lo que contó Ruade ayer. Añadió ante el jurado que Conchita le había dado el cuchillo de su compañero para que se lo guardase ya que su chico estaba de permiso y podía tener problemas si le veían con el arma. Después de las agresión los tres abandonaron el lugar y se refugieron en el concierto de Los Suaves, que acababa de empezar. Sin pretenderlo, un homicida fue el siniestro telonero del grupo. Los agentes en activo peinaron el concierto pero el trío sólo se quedó a escuchar la primer a canción. Horas después los encontraron durmiendo plácidamente en la tienda de campaña. Sheila Cabral Martínez no llegará a recordar a su padre. Apenas tenía dos años y medio cuando le mataron.