Reportaje | Dos familias cuentan cómo sobreviven entre ruidos Las sucesivas mediciones positivas detectadas por la policía local en un edificio no consiguen que se adopten medidas para remediar el problema
07 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Su único delito es residir en una zona de copas de la ciudad, la de Areal. Su condena, pasarse un fin de semana tras otro sin pegar ojo, a no ser que recurran a los somníferos, algo a lo que ya están habituados. El primer piso del edificio centenario, justo encima del pub Nemo, lo ocupa desde hace casi medio siglo una anciana de 87 años. Sus hijas han desistido de pasar las vacaciones en la vivienda para evitar el estrés que les producían las noches en vela. Desde el jueves ya estaban en tensión, comenta la vecina, quien advierte que a veces se tiene que tomar dos orfidales para dormir. Si la música está muy alta, dice, no sirven de nada. En dos años ha adelgazado siete kilos. También ha tenido que cambiar de habitación, algo así como una romería. La mujer ha anulado una parte de la vivienda, entre la que se encuentra su antiguo dormitorio, por el que no sólo se cuelan los decibelios, sino también el olor del tabaco. Mención aparte merecen las vibraciones, más propias de la calle del infierno en plena feria de abril, que de una zona residencial. El segundo piso lo compró una joven pareja a finales del 2002, cuando todavía no existía el negocio actual en el bajo. En la actualidad, la familia de Germán Arteta intenta sobrevivir en el hogar con sus dos hijos, de dos y cuatro años. En este tiempo, Germán y su mujer se han dedicado en cuerpo y alma a defender sus derechos y, sobre todo, su salud y la de sus hijos. El resultado no ha podido ser más desalentador. Y eso, pese a que en apenas un mes la policía local ha efectuado siete mediciones en las viviendas afectadas, que en todos los casos sobrepasaron el tope máximo permitido de treinta decibelios. La última tuvo lugar el pasado día 30 y registró 51 decibelios. Conseguir que la policía local acudiera a medir de paisano no estuvo exento de trámites. Para demostrar que bajo el suelo no hay hormigón y contrastar así un informe de los técnicos municipales han levantado un acta notarial. Una de las últimas medidas ha sido la presentación de un recurso ante el Concello en el que piden que se suspendan las licencias otorgadas al pub, regentado por el familiar de un concejal. Días atrás el regente denunció la existencia de persecución hacia su local por encontrarse, a su juicio, insonorizado. Algo con lo que no coinciden los vecinos, quienes alegan que las obras no han servido de nada y que el edificio se ha resentido. El establecimiento recibió licencia recientemente, tras pasar un tiempo clausurado.