ANTÍPODAS | O |
04 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.AQUÍ y allá me encuentro a gente que piensa que se puede «arreglar» lo de la ETA como quien arregla un pleito. Eso sí, añaden, tienen que dejar las armas. Me temo que no saben de quien están hablando. O han visto mucho telediario oficial, de la tele del gobierno de turno y de otras, que hay una epidemia de ingenuidad tan aguda como sospechosa. Es el momento de ver más cine. Está en la cartelera viguesa Omagh. Una película para abrir los ojos a las miserias de los apaños con quienes matan para conseguir objetivos políticos. En ese pueblito de Irlanda del Norte fueron asesinadas 31 personas y doscientas heridas, poco después de inaugurarse el proceso de paz en 1998. Una negociación con quienes habían dicho que dejaban las armas. Un grupo disidente del IRA perpetró aquella matanza. Y ocurrió que los que habían anunciado a bombo y platillo la paz, no quisieron que el atentado les estropeara la buena noticia. Se pusieron a echar tierra sobre el asunto, y a los familiares de los muertos que les dieran tila, pero no justicia. Michael Gallagher, un mecánico que perdió en la masacre a su hijo de 21 años, tendría que soportar a Gerry Adams diciéndole que se fuera a su casa y dejara las manos libres a los hacedores de la paz. Pero quedó muy bien lo del Viernes Santo. Lo de allí es diferente, hay dos bandos terroristas, por ejemplo; pero conviene saber que estos grupos nunca se hacen el harakiri del todo y que el olor de la cesión los estimula. Que cunda la ilusión de paz, término impropio pues ni hay guerra ni dos bandos equivalentes, les conviene.