ANTÍPODAS | O |
17 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.EN una de esas tandas de misivas que los alcaldes vigueses dirigen al espacio exterior para ver si alguien atiende sus reclamaciones, deberían enviarle un mensaje al consejero de Comercio de Cataluña. Pues según descubro entre la hojarasca otoñal de letra impresa Joseph Huguet se cree que las supresiones de vuelos de Iberia sólo afectan al aeropuerto de Barcelona. Mejor dicho, afectarán, porque allí todavía no se ha aplicado la tijera, aunque a la vista de los términos en los que se ha despachado el consejero, de ser yo Iberia, me iba con los aviones a otra parte, y que el propio aterrice como pueda. La cuestión es informarle al hombre de que ese marrón lo tenemos en Vigo, a más de en otros lugares de Galicia, a fin de que no quede a la escasa altura de los listillos que han sacado unas grabaciones del Prestige, que eran viejas conocidas de los juzgados, como si fueran novedad. ¡Qué traspiés! Pues el mismo que puede dar el consejero catalán si persiste en la cantinela de la marginación de su aeropuerto, como si lo que allí pasara fuera resultado de una particular ojeriza. Mire, no, que no tiene usted la exclusiva. El señor Huguet parece que ha hecho carrera de excitar las pulsiones victimistas, que prenden en pobres y ricos por igual. Cataluña, por su propio dinamismo, se ha podido beneficiar del maná y del favor estatal casi bajo todos los regímenes, y que sigan allí quejándose de marginación, tiene bemoles. Pero releyendo las palabras del señor Huguet, pienso que lo que más le molesta es que sus paisanos viajen a Madrid. Que salgan del útero materno y se vayan a esa metrópoli, que en su imaginación, figura como antro de placer, holganza y lujuria, enclave diabólico, o Jardín de las Delicias pintado por El Bosco.