Qué solos

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

18 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTÁ de moda, y disculpen el latiguillo, pero es breve ya que no bueno, la exaltación de la memoria de las víctimas del franquismo y del bando frentepopulista de la guerra civil. En Vigo se anuncian con frecuencia actos y homenajes dedicados a ellas. Hubiéramos querido algunos que este ansia memorística sobreviniera cuando tenía que sobrevenir, o sea, cuando acabó la dictadura. Pero entonces no surgiría. El recuerdo de la guerra pesaba en la memoria y el buen sentido dictaba en contra de reavivar los rescoldos. Cómo sería, que los chaquetas de pana de Sevilla no le veían el morbo a la retirada de estatuas. Entonces no y ahora sí. Ha prendido una fiebre con dos síntomas: el antifranquismo tardío, que brota con virulencia en los que no mamaron esa leche a su tiempo, y el regreso a las versiones de buenos y malo de la guerra civil. Lo mismo que se padeció durante los cuarenta años de dictadura, pero aplicado por la otra parte contratante. Pues bien, ha querido el destino que mientras aquellas víctimas, merecedoras, por cierto, de todo respeto y consideración, son alzadas al proscenio, hayan empezado a retirar otras como si fueran trastos viejos. O testigos incómodos. Pudimos el otro día, varias docenas de personas, asistir a su testimonio, bien que en forma de película. Se estrenaba en Vigo y en Galicia, Trece entre mil . Un documento impresionante sobre el terror de ETA, desde sus víctimas. Una exposición imprescindible para el interesado en la especie humana y en la política; y para cualquier curioso. Pues bien, ni un político conocido de la ciudad y aledaños se dejó caer por allí. Todos condenan el terrorismo y dicen estar con las víctimas, bien es verdad que unos más que otros, pero ninguno aprovechó para mostrarlo en esta ocasión. Corrigiendo al poeta, qué solos se quedan algunos muertos.