CONTRASTES | O |
11 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.TOMAR como referencia una obra de arte conocida, popularizada y casi topificada por su calidad y difusión, y a partir de ellas realizar una nueva versión, sin recurrir a la copia más o menos exacta, es ya vieja incitación en la que destacaron Picasso con la serie de Las Meninas o El desayuno sobre la hierba, y Bacon con el retrato de Inocencio X, acaso el mejor de la pintura universal. Mas el reto que se ha hecho Tono, diminutivo de Antonio Galán Fuentes, joven pintor corueñés, va más allá de los ejemplos citados, ya que se propuso, y salió airoso y hasta triunfante, realizar su particular historia del arte con recreaciones de una treintena de pinturas famosas, desde el realismo de Caravaggio o el almibarado estilo de Ingres hasta la informalidad absoluta de Dubuffet, pasando por la emoción de El Greco o el encanto melancólico de Leonardo da Vinci. Sus versiones tienen, al fin, una coincidencia, su declarada admiración por Paul Klee, al que también recrea. Excelente dibujante. imaginativo, muy cerca del ingenuismo angélico o, quizá más, del surrealismo, Tono nos da su pintura propia, porque posee personalidad, oficio y una capacidad de reinventar a partir de ese «tour de force» al que se ha comprometido. Con Goya, es casi Miró. Con Rodin -pues también es escultor- abstracción absoluta desde la escultura-objeto, caprichosa, minimal y sugerente. Con el español Ribera, vuelve al surrealismo, como acaece con los bellísimos Adan y Eva, del germano Durero, que en la pintura del gallego son caprichosos polígonos, formas irregulares, meras insinuacion es sobre fondos neutros. Menos distante, y por tanto menos feliz en el resultado, está cuando se acerca a Picasso, a quien sólo simplifica, sin reealaborarlo, como acaece con el bodegón de Zurbarán que atesora El Prado, tan personal en su aparente simplicidad que resulta difícil reelaborarlo. En definitiva, la muestra de Tono, en la el Centro Social Caixanova, es la bellísima experiencia de un artista cabal.