El encanto de una tertulia en Baiona

La Voz

VIGO

ALEJANDRO

Forman un grupo más que activo en mil y un frentes culturales. Aunque su escenario habitual es Tui, de cuya cafetería decana han hecho su sede social, en verano suelen cambiar de aires. En busca de los del mar, ayer recalaron en Baiona donde, a la hora de la tertulia, tomaron el Cerchas. Bien saben ellas que otra cosa no, pero tradición tertuliana la real villa tiene un rato. No hay que olvidar que en su día fue la favorita de Torrente o Casares, entre otros. El grupo de ayer lo formaban Clara Torres, Berta Lamas, Lupita Hermida, Marisol Vázquez de la Cruz, Ana Lorenzo, Cuchi Quiquel y Uxía Blanco, que antes de dedicarse al mundo del celuloide ejerció de maestra en Tui. Por eso, siempre que puede, se suma a las sagradas comidas de los jueves. Aprovechando que ahora está a punto de estrenarse La velocidad funda el olvido, la película que rodó en Argentina a las órdenes de Marcelo Sthapces, le han pedido que intervenga en una jornada sobre cine. Como ya dije, el grupo del Aloya no para de ingeniar actividades lúdico-culturales, que no tienen otro objetivo que divertirse. Que no es poco. Estos días ultiman la que será la primera fiesta de la temporada allá a mediados de septiembre y que han bautizado como del sombrero. En efecto, para participar, además de recibir la preceptiva invitación, hay que acudir con la cabeza vestida. Pero avisan que, ojo, tiene que ser un sombrero diseñado y confeccionado al efecto. La idea es que el encanto de Ascot, la cita sombreril por excelencia, palidezca al lado del que derrochará Tui. Todo es ponerse. Lo será desde ahora. Es lo que ha prometido después de disfrutar unos días del verano baionés. Me cuentan que se mostraba no sólo distentido, sino hasta divertido. Pues sí que está haciendo milagros Florentino Fernández y su club de amigos humoristas en el hasta ahora estirado periodista. Veraneo movido donde los haya. Lo cierto es que el Alto Representante de la UE para la Política Exterior, Javier Solana, no ha ganado (y lo que le queda) para disgustos este agosto. Con tanto agite, no me extraña que en cuanto pilla un día libre lo apure al máximo lejos del mundanal ruido guerrero. Ayer eligió Mondariz Balneario como escenario de evasión donde, en compañía de su mujer y un grupo de amigos, disfrutó de los placeres del agua, amén de los de la conversación. Y, por supuesto, de los culinarios. El grupo en cuestión se decantó por un coqueto restaurante de la zona en el que no pasó desapercibido aunque, en todo caso, mucho más de lo que está pasando ahora en su partido, donde no paran de susurrarle (en directo y a través del móvil) lo buen alcalde de Madrid que va a ser. Pues que vaya poniendo la barba a remojar porque López Aguilar, que también se resistía, ya cayó. Pues igual fue lo que hizo ayer. Remojar la barba, digo. A saber.