La ría de Vigo conmemora una de sus mayores tragedias

VIGO

Los veintiséis tripulantes de un pesquero moañés perdieron la vida en Cíes la madrugada del 10 de noviembre de 1956, en circunstancias sin aclarar

09 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El pesquero Quintín atracó en el Real Club Náutico de Vigo a las diez de la mañana del 10 de noviembre de 1956 con varios trozos de madera y dos cadáveres. Pertenecían al Ave del Mar, una embarcación de bajura que había naufragado horas antes en las Cíes con 26 tripulantes a bordo. No quedó ni un solo testigo que pudiese esclarecer las circunstancias de una de las mayores tragedias que ha vivido la ría en toda su historia. La iglesia moañesa del Carmen, patrona de los marineros, conmemora hoy el 50 aniversario del naufragio. El acto tendrá lugar a las ocho de la tarde y contará con la asistencia de familiares y vecinos de las víctimas que no han logrado borrar la huella del dolor por un suceso que conmocionó a la opinión pública. El Ave del Mar había salido el viernes día 9 por la tarde a pescar sardina. Era un barco tradicional de la ardora, no tan modesto para la época: catorce toneladas de peso, doce metros de eslora y un motor de cincuenta caballos de potencia, renovado hacía sólo un año. La madrugada del sábado encaró de forma osada las Cíes. Por última vez. Hipótesis Existen varias hipótesis, pero lo que ocurrió realmente en un misterio. Algunos historiadores, recurriendo a las hemerotecas, se han apuntado a tesis como un choque contra las rocas debido a la niebla o una posible avería. Familiares de las víctimas y gentes del mar que participaron en las labores de rescate y vivieron de primera mano los días posteriores al naufragio convienen en señalar a La Voz que la causa más probable del hundimiento fue un golpe de mar. Aquellos días había un fuerte mar de fondo, con olas de más de seis metros, y el patrón de pesca, Francisco Nogueira, encaró la ría por la entrada más peligrosa en tales circunstancias: la llamada Porta, que separa la isla sur de las Cíes, San Martiño, y la del medio, Faro. Los cadáveres que aparecieron el primer día en Punta da Galeira y que sirvieron para dar la (inútil) voz de alarma fueron los de Nogueira y el marinero Manuel Eiroa Santomé. Se da por hecho que el resto de la tripulación dormía. Colecta La angustia recorrió ese fin de semana Moaña, donde cientos de personas empezaron a agolparse en el muelle y donde se suspendieron las fiestas de San Martiño. Las autoridades y particularmente el padre del armador y patrón del barco, el empresario Eduardo Pérez Calvar, empezaron a movilizarse. Se recurrió a los buzos de la Armada en Marín en un primer instante, pero inútilmente. El lunes, el cardenal Fernando Quiroga Palacios oficiaba un funeral por las víctimas en la iglesia parroquial y donaba 5.000 pesetas para las familias. Se inició una colecta popular para dar ayuda a las viudas y sus hijos que pronto pasó de las 100.000 pesetas. La ayuda de buzos norteamericanos y franceses que buscaban el oro de los galeones hundidos en Rande y en las proximidades de Cíes, capitaneados por John Potter, fue determinante para encontrar otros 22 cuerpos en las siguiente semanas. Hasta el 30 de noviembre no se dio por concluida la búsqueda oficial. El padre del patrón siguió intentándolo por su cuenta, infructuosamente, durante muchos días.