El número de vehículos que circulan a diario por la ciudad se eleva ya a más de 325.000 La polución generada por los coches vigueses duplica la de la planta de Fenosa en Arteixo
13 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Vigo da tos. Cada año, los coches que circulan por las saturadas calles viguesas contaminan la atmósfera con 815.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2). El cálculo lo facilitan los informes del Ministerio de Medio Ambiente y la Fundación Ecología y Desarrollo, que detallan que cada vehículo lanza a la atmósfera a diario entre 2,3 y 2,7 kilos del pernicioso CO2. Y en Vigo hay muchos coches vomitando veneno. Cada vez más. Sólo en el padrón de vehículos de la ciudad, que engorda a razón de 4.000 automóviles al año, figuran ya 170.000 tubos de escape. A ellos se suman los gases contaminantes que traen consigo los conductores de poblaciones cercanas que se adentran cada jornada en Vigo para trabajar o para acceder a los servicios que ofrece la ciudad más poblada de Galicia. Y no son pocos a sumar. En realidad son tantos que desbordan todas las previsiones realizadas por las distintas administraciones, como la que recoge el Plan Estratégico Provincial, que habla de que cada jornada entran en Vigo 100.000 coches. Pero la cifra hace casi un decenio que se quedó corta. Según datos de Tráfico y del Concello, por los principales viales de entrada a la urbe ruedan cada día una media de 159.800 coches. Y esos, con los que ya están dentro, son 326.000 máquinas echando humos. O lo que es lo mismo: 118 millones de desplazamientos urbanos al año. O lo que es peor: 815.000 toneladas anuales de dióxido de carbono. La cantidad es gruesa. Muy gruesa. Casi pavorosa. Lo dejan claro las comparaciones más odiosas. Como la que dice que esas 815.000 toneladas de CO2 son casi el doble de lo que lanzó a la atmósfera el pasado año la planta de Fenosa en Arteixo. O la que ofrece la contestada planta de pasta de papel que Ence tiene en Pontevedra: la fábrica envenenó en el 2005 el aire con 91.612 toneladas de CO2, y eso son nueve veces menos del que sueltan los tubos de escape que pululan por Vigo. Galicia, sin alternativas Los ejemplos poco gratificantes se suceden por toda la geografía gallega y continúan en el resto del territorio español y europeo. Quizá por ello la habitualmente cauta Comisión Europea abandona por un momento su perfil para alarmar y concienciar a la población. Lo logran con informes que demuestran que el 21% de la contaminación europea sale de los tubos de escape y que revelan además la excesiva dependencia española del coche como medio de transporte. Sobre todo en rincones como Galicia, donde el AVE, los trenes de cercanías y el metro no son más que titulares de periódico y sueños sin cumplir. Por eso los tubos de escape que generan de media el 21% de la contaminación en Europa se ensañan especialmente con el aire gallego, para hacer que el 80% de la contaminación de la comunidad tenga su origen en el motor de los coches. Y ese no es un buen punto de partida para afrontar lo que se les viene encima a los pulmones de los europeos, que de aquí al 2030 sufrirán las consecuencias de un aumento del 40% en las emisiones de CO2 causadas por el tráfico. El volumen de dióxido será así suficiente para convertir el protocolo de Kioto en papel de fumar y neutralizar así de un plumazo el esfuerzo realizado por las industrias gallegas para reducir a 17 millones las toneladas de dióxido de carbono con las que contribuyen a que Galicia, como Vigo, dé tos.