Dos días antes, un penalti privaba al Real Club Celta de Costas, Pedrito y Rivera de conseguir un punto en El Molinón. Los vigueses podían leer la crónica de aquel encuentro de Segunda División, en las páginas de la edición viguesa de La Voz de Galicia, el martes 28 de febrero de 1967. Por entonces, todos los periódicos de España dejaban la edición del lunes en manos de la Asociación de la Prensa y no tiraban periódicos el primer día de la semana, por ello la información deportiva del fin de semana se desarrollaba el martes. La temperatura media del día anterios había sido en Vigo de 9 grados, con una humedad relativa del 59 por ciento. Tiempo fresco y seco, no en vano aún no se hablaba de cambio climático y sí mucho de los duros inviernos del pasado, que siempre llovió mucho más que en el presente. La Voz de Galicia, en sus páginas destinadas a Vigo, hacía una llamada de advertencia a las autoridades municipales de Vigo para que protegiesen el patrimonio histórico artístico de la ciudad. Especialmente, se hablaba entonces de la arquitectura civil de comienzos del siglo XX. Para ilustrar el aviso, el periódico elegía dos fotorgafías de sendos edificios históricos. Uno de los escogidos no duró mucho más y fue derribado para levantar un insustancial cubo de oficinas, en pleno cruce de Colón con García Barbón. Era el edificio Rovira, una maravilla de piedra que sólo se conserva en viejas fotografías y en la retina de quienes superan los 45 años. Eran tiempos raros. Tan raros que sólo había un canal de televisión en toda España, y aquel martes, los españoles se acostarían viendo a Los vengadores , aunque un poco antes fuese el cardenal Guerra Campos quien se encargase de ocupar el prime time televisivo. Atrás ya quedaba el ajetréo que vivió la ciudad con la visita de la mujer del dictador. Doña Carmen Polo de Franco, como se la nombraba entonces, acudía al muelle de trasatlánticos para actuar como madrina en la bendición y entrega del congelador Mar de Vigo . No dicen nada las crónicas sobre si la esposa del dictador aprovechó el viaje para acudir a alguna joyería viguesa para conocer sus más preciados paños.