Despedidas que son principios

La Voz

VIGO

SONIA PACIOS

La Mirilla

07 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando hace la calor, decía el poeta. Pero este año, además, será cuando actúe en Vigo, después de no sé cuánto tiempo, Moncho Borrajo. En las últimas visitas (profesionales) que nos hizo, ejerció de presentador y de pintor, su otra pasión. Ahora llegará con Despedida y cierre, el espectáculo con el que piensa recorrer media España y, a continuación, la otra media. Será los días 4, 5, 6 y 7 de mayo y 20, 21 y 22 de junio, en los Salesianos. Sí, aún falta un mes, pero las entradas están ya a la venta en Caixa Galicia y ya han empezado a volar. Por avisar que no quede. Dice Moncho Borrajo que con este montaje, en el que desempolva algunos de los scketchs de hace muchos años (lleva 36 sobre los escenarios), quiere acercarse a ese público fiel que le ha seguido, y también al que se ha ido incorporando por el camino. Será el hombre de las 72 chaquetas, tantas como ha lucido en sus espectáculos. En cuanto a si será de verdad una despedida o un hasta pronto, el tiempo lo dirá. Sólo eso. El sabor de su vino es el mismo. Casi tan bueno como la hospitalidad de Horacio Fernández, el bodeguero de Valdeorras que reinventó el godello hace cuatro lustros. Coincidiendo con tan redonda fecha, ha organizado una serie de visitas a la bodega, con servicio de catering variado y abundante incluido. Una servidora tuvo oportunidad de comprobar las buenas dotes como anfitriones de la familia Fernández (su hija Araceli se ocupa de las labores de imagen). Ya el marco, un edificio medieval otrora monasterio, impresiona. Y más aún la clase magistral sobre los secretos del godello. Sólo un apunte para los que no hayan tenido el privilegio de catar un Cepas vellas de Godeval, quienes lo elaboran cumplen a rajatabla la máxima de que en la bodega no entra ni un sólo racimo de uvas que no esté dispuesto a degustar el vendimiador. Así se comprende todo. En su lista de clientes figura la Casa Real y, de paso, algunos de sus invitados, como los Reyes de Rumanía, la pricesana Victoria de Sucecia, el presidente de Honduras... Llegaron agotados, pero sólo físicamente. Hablo, claro, del grupo de caminantes que, capitaneados por Bieito Ledo, han dedicado la Semana Santa a revivir una experiencia de hace quince años. «Nos duele todo, los pies, los abductores, la espalda... hasta el alma», aseguraba ayer uno de los participantes. Y eso que, como también confesaron, han hecho trampa. Cuando las piernas se negaban a dar un paso más, allí estaba la furgoneta-escoba para recoger lo que quedaba de ellos. Curiosamente, uno de los que menos utilizó el servivio de emergencia fue Basilio Losada, el veterano del grupo con 79 espléndidos años. Por cierto que, después de sus improvisadas conversaciones con la población vacuna del Camino, ha prometido publicar un diccionario cuatrilingüe: vaca-gallego-español-inglés. Novedoso va a ser, práctico se verá. La jornada del viernes fue especial porque se sumaron (sólo a la hora del yantar) José María y Araceli Fonseca, él aún convaleciente. La cita fue en Melide en torno a una empanada de bonito y un «impresionante pulpo». El vino lo puso Celso Domínguez, otro de los caminantes. También dejaron su impronta Alfredo Conde y Antón P. Cid, autores de la letra y la música del himno («E moi malo o sufrimento, e moi bo o ter sufrido....») que entonaban al final de cada jornada; Antón Pulido, que sorprendió a todos con el inesperado regalo de una serigrafía numerada... Y así hasta 25. Prometieron repetir. Dentro de otros 15 años, claro.