La Mirilla
17 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Va a ser, seguro, la frase favorita de la tripulación del Cornide de Saavedra durante los próximos quince días. Al menos del equipo de científicos que participa en la campaña iniciada ayer y a la que, de forma excepcional, se han sumado sendas estudiantes de Biología y Ciencias del Mar. Nuria Sánchez y Lidia Carracedo coincidían en señalar a la hora de embarcar lo atractiva que les resulta la experiencia. Dos han sido los requisitos que han tenido que cumplir ambas jóvenes para sumarse a la expedición, la primera de avistamiento de cetáceos que realiza España desde 1989 en aguas del Atlántico europeo. El primero, mostrar interés por el viaje formalizando una inscripción, y el segundo (más complicado) estar en posición de los mejores expedientes de cuantos se interesaron por la experiencia. Nuria Sánchez, que se matriculó en Biología porque quería encontrar la cura para el cáncer, dice que ahora lo único que tiene claro es que quiere dedicarse a la investigación, y que no descarta que ésta se produzca en un futuro en el campo de la biología marina. Tal vez en este viaje obtenga algunas respuestas. De momento, su modelo a seguir es Lynn Margulis. En cuanto a Lidia Carracedo, afirma que no tuvo problemas para elegir carrera, ya que su atracción por el mar quedó clara desde bien niña. «Y ahora sé que no me he equivocado», dice esta mujer que también apuesta por la investigación, en su caso en el campo de la oceanografía física. Santiago Lens, el jefe de la campaña me cuenta a bordo del confortable comedor del buque mientras ultima los preparativos antes de zarpar, que Lucía y Nuria van a ser dos activos más a sumar a los 17 investigadores de nómina enrolados. Eso sí, entre todos intentarán que disfruten de una experiencia a la que contadas personas pueden acceder. Me explica también que la expedición del Cornide forma parte de una campaña europea en la que participan otros dos barcos (de Francia e Inglaterra) y que, una vez procesados los datos de los tres, podrá saberse, siquiera de forma aproximada, los delfines, ballenas, calderones y cachalotes que forman la nómina de cetáceos en las aguas oceánicas de Europa. Sin abandonar el mundo universitario tengo que contar que Alberto Gago tuvo ayer visita. Precisamente la de su homónimo de la Universidad del Mar de México, Modesto Seara. Este gallego de Allariz está empezando en que se incremente el número de estudiantes mexicanos que hacen en Vigo el posgrado. Hasta el momento sólo se han doctorado aquí dos jóvenes. En concreto en Electrónica y Computación. Gago, por su parte, explicó que siempre es bueno conocer de primera mano otros métodos de enseñanza. Pues sí. Que no es poco. Eso es, en pocas palabras, lo que pretende el Consello da Cultura Galega con las jornadas sobre Arquitectura desde Vigo. Ya reflexionaron en Santiago, donde se inició el pasado mayo el proyecto, en tanto pronto lo harán en Ourense y A Coruña. Se trata, dicen, de consideran la producción arquitectónica y creativa desde una perspectiva histórica y actual, desde la teoría a la experiencia de los profesionales. Es en ese sentido en el que el retrato sobre la arquitectura viguesa servirá de pretexto para reflexionar sobre la identidad. Entre la larga lista de nombres de reflexionadores que participan en las jornadas, que finalizan esta tarde, figuran los de Marián Leboreiro, Salvador Fraga, Perfecto Cendón, Víctor Freixanes, Belinda Besada, Javier Franco, Ángeles Santos... La cosa no va de adivinanzas sino de comidas festivas. Y es que los trabajadores y ex trabajadores portuarios no perdonan la del Carmen, que para eso es su patrona. Y como la cuchipanda se adoba siempre con juegos varios, eligieron la finca de San Roque para el sarao. El nuevo presidente, Suso Paz, tuvo así oportunidad de conocerlos a todos de golpe.