La Mirilla
21 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.En realidad que ya está en las tiendas, porque tanto se anticipan los comerciantes a las estaciones, que ya podemos encontrarnos, percha con percha, abrigos y bañadores. Pero a lo que iba, el jueves tuve oportunidad de conocer los últimos diseños de María Moreira. Lo mejor de todo, es que pude hacerlo en su escondite gondomareño de Villaza. Era una asignatura que tenía pendiente desde hace tiempo. Ahora me arrepiento de haber pospuesto tanto el aprobado (en realidad notable), porque tenía razón, los paisajes del Val Miñor tienen un plus. Por no hablar del té helado con menta que prepara su hija Andrea, y cuya cata, lo confieso, llegué a tripitir. Mientras María me iba desgranando a pie de taller que el bambú, que es su última apuesta en el capítulo de fibras naturales, va a hacer furor, y que si el próximo otoño me decanto por los azules, los grises y los vinos voy a acertar fijo, un grupo de amigas (de María, digo) revisaba con mirada golosa las perchas cuajadas de prendas de temporadas pasadas a la caza de gangas. Lo llenas de bolsas que terminaron por abandonar algunas la casa, era la evidencia misma de que la caza en cuestión resultó fructifera. Alguna disculpa había que buscar para montar una fiesta familiar de esas que siempre se recuerdan. Por lo vivido, más que nada. Y eso es lo que ha hecho Jaime Borrás para citar a toda la familia el próximo sábado en su casa de O Portiño. El presidente del Club Financiero cumple sus primeros 60 veranos y hay que celebrarlo. Me cuentan que la invitación no ha podido tener mejor acogida. Sesenta personas (tantas com velas) van a cantarle el cumpleaños feliz, entre ellas siete de sus ocho hermanos: Carlos Enrique, Genaro, Belén, Juan, Alicia, Flor, y Luján. Terete está en Estados Unidos, así es que, a su pesar, el brindis lo hará en la distancia. También me cuentan que le han preparado alguna sorpresa de marca mayor, y que he prometido no desvelar precisamente para que no deje de serlo. Sorpresa, digo. Tiempo habrá a toro pasado, porque la garganta profunda forma parte de la nómina de invitados. Mestizaje explosivo, pero justificado en este caso. Y también por un cumpleaños, el número 66 de Alejandro Fernández Figueroa que, pese al mal tiempo que implica que su Nova Olimpia querida tenga los días contados, exhibe muy buena cara. En una breve conversación telefónica, obligada porque le pillé recibiendo a un grupo de amigos brasileños, me explica que la cita será en Siete Torres, ese moderno restaurante en el que Miguel González despliega sus saberes culinarios, y que de posibles sorpresas no puede hablar hasta el lunes. Pues eso.