La ciudad como proyecto colectivo. La recepción anual que, con la disculpa del Día de Galicia, organiza cada año el Concello en Castrelos, volvió a dejar patente dos cosas. Tal vez tres. Primero, que ni tenemos abuela ni falta que nos hace y, segundo, que la deuda que Madrid y Santiago han acumulado con nosotros en las últimas décadas (siglos, mejor) tiende al infinito.
Con distintas palabras, eso fue lo que vinieron a decir en sus respectivos parlamentos Elena Espinosa y Abel Caballero, la primera en su calidad de lectora del bando oficial y el segundo de anfitrión.
La ministra de Pesca ve a Vigo como el timonel que tiene que liderar los nuevos tiempos que los gallegos «estamos a forxar». Eso sí, para lograrlo con eficacia invitó a los presentes (y a los ausentes) a evitar debates estériles que, dijo, no podemos permitirnos, como no podemos quedar «ancorados nos lamentos ou nas queixas, por moi xustas que poidan ser. Laiarse non abre as portas do futuro», recordó.
Precisamente Espinosa arrancó su intervención con la vista puesta en el futuro: «Mañá é unha fermosa palabra porque se asocia co mencer. E por iso, hoxe, como si dunha luminosa amañecida se tratase, na víspera do noso día, debemos facer o xesto valente de mirar cara adiante, afirmando os nosos pes no pasado».
El lugar en el que habitan los duendes de la ciudad. Así definió el parque de Castrelos Abel Caballero. Fue la única licencia poética del alcalde en su discurso, porque en el resto fue al grano. Empezó suave contando que entiende Vigo como un proyecto colectivo, como una confluencia de voluntades para, tres líneas después, subrayar que no somos una ciudad cualquiera y, por lo mismo, tiene que tratársenos como merecemos. Lo del merecimiento es de mi cosecha, pero es lo que tradujo el auditorio. «Somos a primeira cidade de Galicia, a cuarta exportadora de España, a primeira do automóbil de España, a primeira da pesca no mundo, a pioneira do granito, a primeria do naval privado...». Lo dicho, blanco y en botella.
Por si alguno todavía no lo pillaba, aún dijo más Caballero: «contribuimos de forma espléndida o sostenemento da economía de España», por no hablar de que mercancía que exhibe la marca Vigo transita por todos los mercados mundiales. Total que, para que podamos competir en igualdad (aquí está el meollo) necesitamos AVE a Madrid y a Oporto, nueva estación, más autovías, un gran aeropuerto central de la eurorregión... «e unha universidade plagada de investigadores». El objetivo, que Vigo siga ocupando el centro del centro de ese eje Galicia-Norte de Portugal.
Auditorio a favor. A ver quién es el vigués que no pide lo que pidió el alcalde y más. Al menos los presentes asentían. Hombres y mujeres del mundo de la política, la cultura, la economía... Entre otras, no faltó la representantación municipal del PP (Corina Porro y José Manuel Figueroa) ni la del PSOE (todos los ediles menos dos) ni la del BNG (a Santiago Domínguez le acompañó el ex alcalde Lois Castrillo). También se sumaron las conselleiras María José Caride y Carmen Gallego, otra ex alcaldesa, Enma González, el abogado Álvarez Gándara, el médico Julio Estévez y el subdelegado del Gobierno, Delfín Fernández.