Si de algo andan sobrados en la Asociación de Funcionarios para a Normalización Lingüística de Galicia es de ideas para propiciar que se cumpla la mayor, esto es, espallar el gallego en cada uno de los recunchos de la Administración. Sin prisa pero sin pausa, el trabajo ha calado en el ámbito político, el sanitario, el jurídico... Y ahora quieren lograrlo en el de las fuerzas y cuerpos de seguridad.
Xosé González, una de las caras visibles de la Asociación, explica que no es una teima nueva. «Xa hai anos que andamos nela», dice. También dice que, se mire por donde se mire, seguir manteniendo a los 10.000 funcionarios policiales que hay en Galicia extramuros de un proceso galleguizador, es «un erro de gran magnitude». Y qué se les ha ocurrido para empezar. Pues apostar por el cuento. El literario, claro.
A lo largo de esta semana, repartirán por todas las comisarías gallegas, amén de por todas las oficinas de denuncias de la Policía Nacional y la Guardia Civil un total de 60.000 lotes de Contos de agardar. Cada lote incluye un total de once relatos firmados, respectivamente, por Rosa Aneiros, Xavier Alcalá, Xosé Carlos Caneiro, Fina Casalderrey, Navia Franco, Salvador García Bodaño, Luis García Mañá, Carlos G. Reigosa, Xosé Neira Vilas, Antón Riveiro y Helena Villar Janeiro.
El nombre genérico elegidos, Contos de agardar, no es gratuito. Todos sabemos, y los funcionarios mejor que nadie, las desesperantes esperas que las más de las veces hay que soportar ante la ventanilla de turno. Mejor dedicar ese tiempo perdido a la literatura. Así dejará de serlo. Perdido, digo. Como quiera que se trata de cuentos que no superan las 19 páginas bien pudieran llegar a leerse de una tacada, sobre todo si nos toca la china de renovar el DNI o el pasaporte.
Sólo una consigna recibieron los autores de la Asociación que les hizo el encargo, amén de la necesaria brevedad, que la trama incluyese algún protagonista relacionado, siquiera de forma tangencial, con las fuerzas de seguridad. El resultado son esos once relatos que, a partir de esta semana, nos están aguardando en las comisarías.
Por el libro hace tres semanas que se acabó, pero algunos se resisten a cerrar el capítulo vacaciones y apuran los últimos días de asueto. Ha sido el caso de Eduardo Gómez que, justo antes de zambullirse en la grabación de los nuevos capítulos de la serie que cuenta las peripecias de esa loca comunidad de vecinos de la que forma parte, eligió el Balneario de Mondariz para relajarse.
Lo hizo en compañía de su mujer y su hermana. Además de para emborracharse de agua y masajes, aprovechó para descubrir la gastronomía de la comarca. Siempre a la hora de la cena, ya que la comida se la saltó siempre. Así se entiende esa figura que luce. Tiene una explicación, acostumbra a quedarse hasta las cinco de la madrugada estudiando los guiones y, claro, se levanta tarde.
Me dicen que siente debilidad por el chocolate (vamos a ser muchos), tal vez por eso no pudo resistirse a probar el placer de la chocolaterapia. En resumidas cuentas, que Galicia ya tiene un nuevo adepto.
Por poquito Eduardo Gómez coincidió en el balneario con Patricia Pérez y su flamante marido, que fueron pródigos en paseos en albornoz y en caras de felicidad. Parece que los compromisos profesionales de ambos no les permitían un largo viaje de luna de miel, así es que pensaron (bueno, pensó Patricia) que mejor que cuidando la mente y el cuerpo en Mondariz en ninguna parte. Pues eso.
Es una frase recurrente en los políticos, pero es que en el caso de Enrique López Veiga es cierto. Quién le ha visto y quién le ve. Que le conoce una por la barba y por esa voz tan peculiar suya. 23 kilos de nada ha perdido. No le ha quedado más remedio que renovar el vestuario.
Dice el veterano parlamentario popular que no es cuestión de trucos, que tan espectacular transformación física sólo hay que achacarla a que, por fin, puede comer en casa. Con la pérdida del gobierno se acabaron las obligaciones gastronómicas y, sobre todo, se acabó comer a salto de mata. Ahora por poder, hasta puede practicar esa afición a la que tanto tiempo dedicó otrora, el buceo. Además de su corazón, su familia se lo agradecerá. Seguro.