Esa es la única cuestión. En el mundo del arte, del cine, de la moda... Y del vino. Es una afirmación que no sólo comparte Cristina Alcalá, sino que la pone por escrito en El mundo del vino contado con sencillez, un libro dirigido a todos los públicos, particularmente a los más legos en la materia.
Esta joven socióloga viguesa se define a sí misma como de vendimia tardía. Y es que la magia de la enología la atrapó hace apenas ocho años. Por casualidad, que es como suelen producirse los atrapes. Hasta el punto de que lo aparcó todo (trabajaba en el departamento de selección de personal de una consultora) para dedicarse en cuerpo y alma al vino. Primero como mujer orquesta (directora de sala, sumiller, gestora de compras y relaciones externas) de un conocido restaurante madrileño, y ahora desde su recién estrenado proyecto de enoturismo en una preciosa casa que rehabilitó en Mondariz.
Entre col y col saca tiempo para escribir, colaborar en prensa y radio, asesorar a diversas bodegas, dirigir catas, pronunciar conferencias... En fin, que en su agenda hay pocos huecos libres. Aunque tendrá que hacer enseguida uno porque un buen amigo, Pepe Rodríguez, quiere que pilote la revitalización de las Comadres del Veigadares, proyecto que lleva unos años en stand by precisamente por falta de piloto adecuado.
La primera cofradía integrada exclusivamente por mujeres nació hace algo más de una década, cuando el mundo del vino parecía que era sólo cosa de hombres. Apenas un par de lustros después está más que demostrado que no. Cristina es un buen ejemplo.
Lo mejor del libro que acaba de publicar es que se entiende todo. Y no porque la autora haya tenido que hacer un esfuerzo ímprobo de sencillez. Se ha limitado a poner por escrito lo que cuenta siempre de palabra. Estoy de acuerdo con Olga Viza, la prologuista, en que por fin un neófito podrá distinguir un Rioja de un Ribera y no tener dudas sobre la copa o la temperatura adecuadas.
Hay en el libro sitio hasta para las curiosidades. Por ejemplo, cuenta que la botella más grande del mundo es un Cabernet Souvignon californiano del 2001. La encargó una cadena de restaurantes para celebrar su 25 cumpleaños. El botellón en cuestión tenía 138 centímetros de altura, 43 de diámetro y 198 kilos de peso. Por su parte, la más cara se subastó allá por 1985 en Christie´s. Fue un Château Lafite de 1787 por el que pagaron algo más de 105.000 libras esterlinas.
Por supuesto, no falta un apartado dedicado a los tópicos que, con autoridad, va desmontando. Como aquellos de que el mejor blanco es un tinto, que los vinos con madera son mejores, que el vino caro es el mejor o que el vino de mi pueblo sí que es natural. Las últimas páginas las dedica Cristina a contar cuáles son sus cien vinos favoritos, entre los que figuran cuatro Rías Baixas. Chin-chin.
Siguiendo con las cosas del beber, ese es el título de la campaña que, con el apoyo de Medio Rural y Política Lingüística, se pondrá en marcha el próximo 5 de diciembre. El objetivo está claro, apoyar la galleguización del vino. La elección de la fecha de arranque tiene mucho que ver con el hecho de que el último mes del año es el que concentra el mayor consumo de vinos. Y se pretende sensibilizar a los consumidores para que opten por marcas que utilicen en gallego en su etiquetado.
Al margen de una abultada nómina de instituciones, la campaña, se han sumado a la campaña a título individual, entre otros, Xesús Alonso Montero, Alfonso Álvarez Gándara, Xosé Xoán Barreiro, Xosé Manuel Beiras, Rosa Castro, Francisco Fernández del Riego, Julio Fernández, Paz Filgueira, Navia Franco, Luis García Mañá, Gonzalo Jar, Uxío Labarta, Xosé Manuel Pose, Guillermo Sánchez, Antón Seoane, Carlos Varela...
Todos ellos, igual que el resto de los consumidores, lo tendrán fácil, ya que en apenas cuatro años ha crecido de forma exponencial el número de bodegas que etiquetan en gallego. En concreto en el 2003 eran apenas una docena. A día de hoy son ya 115.
Un hombre tan cocinillas era el idóneo para bautizar un concurso de periodismo gastronómico. La edición número catorce se alcanza este año. Y lo organizan, en comandita, el Concello de Lalín y los Amigos da Cociña Galega, amén de otras asociaciones gastronómicas.
Podrán tomar parte en el concurso periodistas, escritores y particulares que hayan publicado artículos, libros, entrevistas, fotografías, comentarios... sobre temas relacionados con la gastronomía gallega en los dos últimos años. La fecha límite de presentación de trabajos será el próximo 14 de diciembre. A los mejores les esperan, respectivamente, cheques de 4.000 euros (prensa), 1.500 (radio, televisión o libro) y 1.000 euros (página web, fotografía o viñeta).
Y un final de mesa y mantel: la Fundación Balms para la Infancia y los antiguos alumnos del colegio Apóstol, celebrarán el viernes una cena benéfica en el hotel Coia. Será a las 22 horas, el cubierto costará 35 euros y la recaudación se destinará a proyectos de cooperación internacional. Animarán la velada los humoristas de Cada día peor.