Nueve más

VIGO

30 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Probablemente, nunca llegaron a conocerse. Pero sus destinos quedaron unidos por la sangre. Dos nombres: Amadou Diallo y Sean Bell. Dos lugares: el Bronx y Queens. Dos números: 41 y 50. El 4 de febrero de 1999, Diallo, un emigrante de origen guineano, se encontró a las puertas de su casa con un improvisado pelotón de fusilamiento. Aquel día llovieron balas. Y no sobre Broadway. Sobre Diallo. Llovieron 41 balas, para ser exactos. Los disparos fueron realizados por cuatro policías blancos. The New York Post le tomó prestado un título a Truman Capote. «A sangre fría», rezaba la primera página. Bruce Springsteen compuso el tema American Skin para cantar lo ocurrido. Rudolph Giuliani, egregio alcalde de la capital del mundo entonces, se dedicó a insultar al artista. Los acusados fueron absueltos. Fin de la historia. Hasta el 25 de noviembre del 2006, el día en el que la tormenta policial descargó sobre otro chico. Negro también. Tres agentes, blancos también, acribillaron a Sean Bell. Pero subieron la apuesta. Realizaron 50 tiros. Nueve más que los que cosieron a Diallo. Una notable evolución del escalofrío. Pero la cifra, tan redonda y rotunda, no impresionó en los tribunales. Y los que se dieron un festín de pólvora a costa de un hombre desarmado fueron declarados inocentes estos días. Todo un guiño a un tipo de guardianes del orden ante los que ni siquiera detendría el coche el De Niro de Taxi Driver . Una palmadita a ese Nueva York más de Scorsese que de Woody Allen. Un puñado de sal sobre una herida que no se ha cerrado en Estados Unidos. Esa peligrosa brecha abierta con la fundada sospecha de que ser blanco puede ser un seguro de vida en las turbulencias y ser negro supone una condena anticipada.

De Amadou Diallo quedará, al menos, una canción. De Sean Bell quizás no quede nada. Solo un rastro de amargura. Y cincuenta casquillos olvidados en un cajón.