La corriente alternativa nacida frente a los cargos públicos del partido trata de que su mecha prenda en toda la comarca
08 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La Nueva Vía fue el nombre con el que el tándem Zapatero-Blanco identificó a una corriente que. formada fundamentalmente por diputados taponados por la era González y los fracasos de Almunia y Borrell, se aglutinaron alrededor de las ideas de la renovación y la participación. Por ser tan diversos y dispersos nadie contó con que, aunque solo fuera por nueve votos, acabarían por impedir que Bono iniciase su carrera presidencial. Algunos de aquellos cuarentones que en julio del 2000 trataban de convencer a los delegados de provincias de que era necesario romper con el pasado, habían llegado a tocar interno, como Zapatero o Caldera, pero solo de refilón.
La historia de aquella corriente, versión hispánica de la Tercera Vía de Blair, ha quedado para la historia del PSOE como el mejor manual de estrategia política partidaria, en la que las maniobras silenciosas, el convencimiento persona a persona y una idea fuerza pueden servir para echar un pulso al poder, y alguna vez, una entre un millón, ganar.
En Galicia, cuna de ese tipo de tácticas de persuasión, no es que se esté planeando un pulso de ese tipo. Nadie en sus cabales pensaría en vencer en el congreso del PSdeG a Touriño, pero lo que sí es cierto es que el volumen de discrepantes con alguna actuación del partido o la Xunta se agita justo ahora que llega el momento del reparto de cargos internos y en las listas para las próximas elecciones autonómicas.
Algo se mueve
Cargos medios del PSdeG en distintas agrupaciones gallegas reconocen sentir una cierta envidia, por primera vez, de la relativa normalidad -aunque obligada- con la que la militancia viguesa de base ha plantado cara a una lista plagada de cargos institucionales para intentar contar con voz propia en los dos cónclaves socialistas de julio. Frente a Abel Caballero, María José Caride, Dolores Villarino y una larga lista de concejales, diputados y representantes públicos u orgánicos, la confluencia de un 35% de militantes dispares logró colocar con sus votos su propia bandera en el congreso del PSdeG, siendo incluso con sus nueve delegados el quinto grupo territorial más numeroso de los que se van a dar cita en Santiago el 25 de julio.
Puerta a puerta
Los alternativos vigueses, como ya les llaman, ya han empezado también a realizar ese trabajo de tratar de convencer uno a uno a los delegados de la comarca que elegirán a los seis representantes de Vigo para el congreso del PSOE en Madrid. Sus argumentos, según dice su ideario, pasan por convencer a la militancia de que es bueno que haya una voz interna que pueda contraponerse a la oficial, evidenciando, añaden, «el valor de las bases y de la participación en la vida del partido».
Encabezados por el ex concejal Gonzalo Caballero, los alternativos prometen no querer ni puestos orgánicos, ni mover la silla a la dirección del partido. Quieren conseguir en la asamblea, que previsiblemente se celebrará el sábado, al menos un representante de los seis que enviará el PSOE vigués a la cita congresual de Madrid, «para demostrar que la militancia puede tener una representación más directa y participativa y que no solo está para trabajar en las elecciones o decir sí a lo que se diga desde arriba. En principio solo eso, luego, el tiempo dirá», manifiestan coralmente los alternativos, esquivos a retratarse detrás de una sola cara, conscientes de que en la lucha partidaria interna es muy fácil que a alguno, simbólicamente, se la partan.
Pero su acción puerta a puerta no es la única que se está llevando a cabo en la comarca. La estructura oficial busca el pacto y la unidad, y por si eso no cuaja, el voto de los delegados de la comarca para evitar que la otra vía del PSOE vigués abra una de agua en el partido.