A los políticos cangueses les cabe el honor de haber inventado una fórmula propia para proclamar su abstención en las votaciones. Cuando alguien no quiere verse involucrado en un asunto, dice que «non entra en votación». La fórmula despistó a sucesivos secretarios, que nunca sabían bien cómo hacer constar en el acta tan particular postura hasta que optaron por declararla abstención
Una vez consolidado el invento, la corporación se lanzó a un nuevo reto: hacer oposición desde dentro y mantenerse en el gobierno como si nada hubiese pasado.
En el último pleno, celebrado el viernes, BNG y ACE tuvieron que soportar, abochornados, el perder sucesivas votaciones ante una sala llena de público. El PSOE, la segunda formación del tripartito que gobierna Cangas, se unió al PP y a la concejala no adscrita Begoña Pérez Santaclara (ex edil del Bloque) para obligar a sus socios a contratar más policías, a pagarle ya al personal municipal los incrementos salariales pactados y pendientes por la falta de dinero; o a abrirle un expediente a la adjudicataria de la depuradora.
En cierto momento, el portavoz del PP, José Enrique Sotelo, llegó a decir que su grupo sobraba, ya que el trabajo de oposición lo estaban haciendo desde el propio gobierno.
El PSOE no acude a las reuniones de coordinación del tripartito desde el verano. Al parecer, asistirá hoy, tras varios intentos infructuosos en las dos últimas semanas. El pacto está «en suspenso», sin que tal expresión, anunciada por el portavoz socialista meses atrás, conlleve ninguna medida en particular más que la ausencia de los concejales de su grupo en las citadas reuniones.
Las obras de la calle San Xosé marcaron una de las primera desavenencias. Eran una competencia del departamento del socialista Héctor Otero. Habían quedado empantanadas con el gobierno del PP y fueron motivo de críticas contra Sotelo por parte de sus sucesores. Como no acababan de reiniciarse, la alcaldesa decidió asumir el mando. A Otero no le pareció bien. Horas después de que la regidora local visitase la zona para anunciar que se ponían de nuevo en marcha, el edil socialista se presentó en la calle y ordenó colocar una señalización de grandes dimensiones en la que aparecía en letras inconfundibles qué departamento era el protagonista.
Las cosas fueron desde entonces a peor. El concejal de Medio Ambiente saltó un buen día para decir que no existía realmente su concejalía, ya que no había personal. Semanas después, la alcaldesa decidió asumir personalmente las gestiones relacionadas con la depuradora. La consecuencia inmediata fue el apoyo del PSOE a una moción del PP que pedía una sanción a la adjudicataria y la puesta en funcionamiento del sistema terciario de desinfección, moción que volvió a presentar el popular Jesús Graña y volvió a apoyar el PSOE el pasado viernes.
Días antes, la edil de Tráfico, la socialista Maise Vilas, anunció a la alcaldesa su intención de acudir al fiscal para responsabilizarla de lo que pudiese pasar por la falta de policías. Los socialistas apoyaron el viernes una moción de Begoña Santaclara que obliga a contratar más agentes. Se unió también el PP, dejando a BNG y ACE en minoría.
Sin embargo, nadie reconoce que vaya a cambiar algo. El tripartito sigue en pie, a la espera de esa reunión en la que se limarán, dicen todos, asperezas.