Ayer mismo, en una cafetería, desayunando, vi a un tipo pasarse media hora embobado ante la página. Aunque no lo parezca, hay otro mundo, otra vida, otro Vigo, otras estaciones del año. Y la estampa del verano que vino ayer a vernos en la primera de La Voz ha sido para llorar de emoción.
Si no fuera por Barak Obama, que hasta va a pagarnos a todos la hipoteca, estaríamos ciertamente deprimidos. Las bolsas se desploman, el paro se dispara y el panorama general está más gris que el cielo sobre Cabo Home. Para rematar la perspectiva, el hombre del tiempo, que antes era un señor entrañable y se llamaba Mariano Medina, es ahora un tipo que mete miedo, y nos habla de «ciclogénesis explosivas», al lado de las cuales el huracán Hortensia se queda en tierno aprendiz.
La economía va mal, el mundo va mal y, además, hace mal tiempo. Los negros nubarrones que se intuían en el horizonte ya se pueden tocar con los dedos. Y es por eso que, en medio del desastre, ha venido Vítor Mejuto a salvarnos con una fotografía para soñar.
Sin embargo, pese a que esa sola imagen nos alivia, nos preocupa la noticia que ilustra. National Geographic, en un documental que se estrenará el próximo 1 de febrero, afirma que están amenazadas 180 especies animales y vegetales de las islas Cíes. El cambio climático, del que se mofan los primos de Rajoy, podría condenar a nuestro paraíso vigués a perder sus playas y buena parte de su flora y fauna.
La noticia encaja a la perfección con la catástrofe que anuncian todos los titulares. Y, sin embargo, tiene elementos aún más dramáticos. Porque cualquiera está dispuesto a defender a las ballenas, a las focas, alas orcas y al lince ibérico. Pero, en el colmo del sadismo informativo, National Geographic afirma que, en dos décadas, podrían desaparecer los centollos.
¡Esto sí que es un augurio demoledor! Este servidor, que ha sido muchos años socio de Greenpeace, ha encontrado por fin la mejor causa animal que defender. Si la actriz Brigitte Bardot se abrazaba a las focas, yo mismo estoy dispuesto a retratarme estrujando crustáceos. ¡Salvemos a estos bichos! Dentro del deprimente panorama informativo, además de una foto estupenda, hemos encontrado una causa. ¡Salvemos a las centollas! ¡Unámonos, compatriotas! Todos somos bienvenidos a la causa.