«En Rumanía trabajé de chófer, pero solo ganaba 45 euros al mes»

Xulio Vázquez

VIGO

01 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

No tiene aspecto de mendigo, pero pide limosna en la calle. Además expone sus motivos en un cartón que sostiene con una mano. Dice que es pobre y debe ser verdad, porque lo escribe con uve. A ningún rico se le ocurriría esa idea para ahorrar tinta. Es el patriarca de una familia rumana con cuatro hijos. Uno ha seguido su ejemplo y hace lo propio en otra calle. La madre también tiende la mano en busca de alguna moneda en otra zona de la ciudad. Los otros tres hijos los han dejado en Rumanía, pero aseguran que necesitan de su ayuda para la manutención. Por si todo ello no fuese motivo suficiente, añade en el reclamo publicitario que quiere trabajar. Una razón de peso para que cualquiera prefiera darle una limosna antes que facilitarle un empleo. Ionel Pana (56 años) es natural del departamento rumano de Galati. Apenas habla una palabra en castellano, pero le basta una mirada o un gesto para mostrar su agradecimiento. Tiene unos ojos azules como los de Peter O'Toole en Lawrence de Arabia. Pero sin ocultar su rostro con ropa árabe. Pide a pecho descubierto y no lo hace a la puerta de una iglesia, sino en el número 120 de la calle Urzaiz, porque está justo delante de un supermercado y, en estos tiempos de crisis, recibe más visitas. En su pequeño cuenco asoman unas monedas, aunque las de euro brillan por su ausencia.

Al preguntarle por su nombre, muestra un certificado de ciudadano de la Unión Europea, expedido por el registro central de extranjeros de la comisaría local de Vigo. Aparece su fecha y lugar de nacimiento (9-11-1952, en Piscu).

Escribe en un papel el número 6, como queriendo decir que son los días que lleva pidiendo limosna en la calle. Sonríe ante cualquier pregunta y responde antes de terminar de formulársela, golpeándose con los dedos en su cabeza, a la vez que musita unas palabras: «No entender castellano».

A fuerza de insistir sobre su anterior ocupación en Rumanía, hace otro gesto con las manos y dice «chófer». Asiente al preguntarle si conducía autobuses y camiones. Escribe otro número, el 45, para referirse a los euros que cobraba al mes.

Al menos, en esta nueva ocupación de subsistencia, alcanza los 15 euros al día, merced a la voluntad de los caritativos. Pero está dispuesto a dejarla tan pronto como le aparezca un trabajo. El día que no lo vean en esa esquina de la calle, será una buena señal para él.