Dice que vive solo «porque las gallegas no quieren a los negros», aunque confía en que encontrará alguna novia
14 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El sueño europeo es como un tan tan que no cesa de llamar a miles de jóvenes africanos. Muchos se ponen en marcha sin importarles el grave riesgo que pueden correr en el viaje. Eric Arthur (26 años) no dudó en subirse a un barco mercante en Costa de Marfil y esconderse en la bodega para poder salir de África. Sin rumbo, sin dinero, sin papeles, pero con la esperanza de llegar a un lugar donde empezar una nueva vida con mejores posibilidades. Zarpó de polizón y, cuando lo descubrieron, estaba a punto de arribar a Vilagarcía, como pudo haber ido a Róterdam o a cualquier otro puerto del mundo. «Lo que quería era buscar un trabajo en algún país de Europa y la única manera de poder hacerlo era metiéndome en un barco sin que nadie me viese. No se si era de bandera española o sudamericana, pero la tripulación hablaba castellano», explica.
Fue entregado a la policía y acabó siendo internado en un centro de menores de Pontevedra. Aguantó tres meses y luego se fugó. Trabajó de marinero en un barco de pesca. «Íbamos más allá del Gran Sol. Pescábamos cerca de Escocia, sobre todo merluza», relata.
Atrás había dejado su ciudad natal de Takoradi (capital de la región oeste de Ghana). Durante la Segunda Guerra Mundial su base aérea fue un importante punto de aterrizaje para las tropas británicas. Creció hasta terminar uniéndose con la ciudad próxima y próspera de Sekondi, una antigua estación de ferrocarril. La madera es uno de los recursos más importantes de la zona y el joven Arthur aprendió el oficio de carpintero. Pero a golpe de martillo no lograba labrarse un porvenir. Y no dudó emprender el camino de la emigración, aunque fuese de esa forma tan aventurera.
Pasó cuatro años en Pontevedra, realizando trabajos esporádicos, hasta que recaló en Vigo, donde lleva cerca de cinco años. Dice que entiende el castellano mejor que lo habla. Aquí estuvo empleado en una empresa que se dedicaba al revestimiento de edificios, mediante placas aislantes de la humedad. Pero estuvo muy pocos meses. Consiguió otro trabajo en una fábrica de bloques. También tuvo otras ocupaciones. Sin embargo, en este momento está apurando los pocos días que le quedan de prestación del paro, por lo que ya busca un nuevo empleo, para costearse el alquiler de su piso.
Vive solo y asegura que aún no tiene novia. «Las gallegas no quieren a los negros, pero ya encontraré alguna novia. Por ahora estoy muy tranquilo», bromea. Se declara fan de Bob Marley. «Me gusta el reggae. Las rastas que llevo son naturales», afirma.