El actor, que hoy inaugura el III Festival de Monólogos, es un artista dúctil que ha hecho teatro clásico y belenes de plastilina
13 may 2009 . Actualizado a las 21:04 h.Agustín Jiménez, conocido por sus intervenciones en El Club de la Comedia y más recientemente en La Hora de José Mota y la serie de televisión A ver si llego , abre hoy las actuaciones de la tercera edición del Festival de Monólogos de Gran Vía de Vigo. Es a las 20.30 horas en la Planta 2 y la entrada es libre y gratuita. El humorista presentará sus Monólogos de bar , un espectáculo en el que reúne los mejores monólogos que ha interpretado a lo largo de su trayectoria.
-¿Cambia mucho de repertorio?
-Sí, cambio mucho dependiendo de dónde actúe, y he actuado en muchos sitios. Yo lo que suelo hacer es un espectáculo muy abierto, con mucho de improvisación, y dependiendo del público, voy cambiando. La experiencia me permite hacer eso. Hay quien lleva todo escrito en un papel y no se sale de ahí.
-Es decir, que se escribe sus propias historias...
-Sí, yo sí. He trabajado también de guionista y siempre me he escrito yo mis historias.
-Ahora está con un espectáculo en un teatro madrileño, ¿no?
-Sí, en el Teatro Alcaraz con Los monólogos que te dije . Llevo ya dos temporadas. Creo que no está nada mal tal y como está el panorama, mantenerse con un espectáculo tan puro, que soy yo hablando, sin decorados, ni nada.
-Los monólogos parecían una moda pero ¿ya son un clásico?
-Es que lo que pasa es que el monólogo tardó mucho en llegar aquí, pero por ejemplo, en Estados Unidos y Gran Bretaña es un formato clásico. Aquí éramos más del chistoso, del que contaba chistes en el escenario, pero es la evolución natural que tiene que ver con los cambios sociales. No hubo relevo generacional. Los jóvenes no tenían una referencia y las de sus padres ya no les valían.
-¿Cuáles eran sus referentes?
-He crecido con muchas influencias, pero podría nombrar a Gila, que hacía un humor que no se hacía en los tiempos en los que él lo hizo. También Faemino y Cansado o los Monty Python. Me gusta la comedia filosófica y la investigación de los resortes universales que llevan a la gente a reírse, no los temas puntuales. A mí eso me interesa mucho.
-A usted le presentan como «el macarra de la Paramount Comedy». ¿Se identifica con esa imagen?
-¡Nooo! (risas). Ese es el personaje que hago. Es muy difícil subirse a un escenario haciendo de ti mismo. Se sufre mucho y el miedo es más grande, pero si puedes escudarte en un personaje lo llevas mejor. Te protege. Yo he crecido en un barrio, ¡pero tengo estudios!. Tengo el monólogo del macho ibérico, que dura muy poco, pero también hablo de historia, de medicina, de cultura en general, etc. Me he quedado con ese sambenito y a veces me limita, pero voy poco a poco tratando de demostrar que puedo hacer otras cosas. Me hace gracia que haya gente que piense que yo soy así, cuando soy un tipo que tiene dos hijos y lleva una vida muy tranquila. Lucho contra el encasillamiento, aunque no me preocupa en exceso. El personaje del macarra ha calado entre el público.
-¿Es cierto que colecciona juguetes raros?
-Sí, más que raros, lo que me atrae es el mecanismo del objeto y el tipo de ser humano que ha creado algo solo para entretener, para disfrutar un momento. También me fijo mucho en el diseño, porque soy una persona que también hace sus cosas. He trabajado esculpiendo y dibujando. Durante un tiempo me gané la vida como atrezista, lo tuneaba todo. Hice hasta belenes de plastilina y di clases a los chavales en colegios. En fin, que tengo muchas habilidades.
-¿Cómo llegó a ser humorista?
-Estudié en la Escuela de Arte Dramático en Madrid y hice todo tipo de interpretaciones, incluido el teatro clásico, como actor y como director. Esto del humor es una cosa más que me encontré por casualidad y descubrí que se me daba muy bien. Yo creo que la comedia es un don.
-Como buen monologuista, ¿le acusan en su entorno de monopolizar las conversaciones?
-La verdad es que sí. Tengo que hacer un esfuerzo muy grande para escuchar a la gente. Es que leo mucho, veo mucho cine, tengo muchas referencias y anécdotas en la cabeza y tiendo a meter baza y llevar la conversación a mi terreno. Últimamente procuro cultivar el arte del conversador para no acaparar, porque me lanzo y es que no paro.