Vallejo sobrevive a todo para ganar

X.R. Castro

VIGO

31 may 2009 . Actualizado a las 03:15 h.

El Rías Baixas del 2009 pasará a la historia. No solo porque Sergio Vallejo se sucediese a si mismo y le diese al automovilismo gallego el primer triunfo trece años después del que él mismo firmo en 1996 con un Citroën ZX. Sino por la manera de conseguirlo. Arrasando por la mañana, rompiendo un palier por la tarde, sufriendo lo indecible para llegar a un reagrupamiento en el Ifevi y penalizando 30 segundos que le apartaban del liderato. Pero los Vallejo tenían grabado el triunfo en su sangre y con una remontada espectacular en las dos últimas especiales le llevaron una victoria memorable.

En realidad Sergio salvó el rali en un tramo de enlace. Nunca un trecho sin cronometrar resultó tan determinante para la suerte final. El lucense rompió un palier en la primera pasada por Mondariz, lo que le hizo perder 17 de los 37 segundos que llevaba de ventaja. Ni pudo parar en el control stop -se bajó su hermano a la carrera para coger el tiempo- y desde ahí vivieron un calvario de media hora de vuelta a Vigo para alcanzar el control de reagrupamiento.

Pero el coche no estaba para superar la última subida previa a la pancarta del Ifevi y los Vallejo aparcaron en la rotonda anterior esperando la hora exacta para buscar una salida lanzada. Pero solos no podían. Por eso Álvaro Muñiz puso en peligro su Mitsubishi para empujar por atrás el Porsche 911 del lucense. El empujón llegó justo hasta la pancarta y para el arreón final centenares de aficionados empujaron a Diego Vallejo, el copiloto para que este le diera el arreón definitivo para poder entrar en hora (el reglamento dice que nadie salvo los pilotos pueden tocar el coche, pero sí a las personas). Después, en el parque de trabajo le arreglaron el palier en tiempo récord, pero aún así salieron con tres minutos de retraso y por lo tanto con una penalización de 30 segundos. Tenían dos tramos para recuperar diez, pero ya le metió once a Miguel Fuster en la especial de Ponteareas. «Fui como un loco», reconoció el lucense. En el último volvió a ganar y le sobraron 9 segundos para anotarse el triunfo definitivo.

Antes, durante tres cuartas partes del rali, nadie podía aventurar semejante desenlace. Porque en la etapa matinal el Lobo de Meira había dado todo un espectáculo. En los dos primeros tramos le sacó a sus rivales 25 segundos, en la tercera de la mañana ya eran 35. Vallejo salió con el cuchillo entre los dientes, atacando en todos los tramos y confirmando que su favoritismo estaba completamente documentado sobre el asfalto. Además, el Porsche 911 era una máquina perfecta a prueba de un calor abrasador.

En las segundas pasadas de la mañana levantó un poco el acelerador manteniendo las distancias, y nada más entrar en la etapa de la tarde volvió a atacar. Minutos antes de estrenarse en Mondariz el rali parecía cerrado. Sin embargo el problema mecánico convirtió un paseo militar en un drama con final feliz.