Boya a la vista. Peligro indefinido. La conselleira de Sanidad, Pilar Farjas, ha abierto el cajón: «El bipartito dejó en el cajón 19.691 citas para especialistas», afirmó esta semana en el Parlamento. Otoño empieza sumido en el código de las cajoneras como ocurrió en primavera, cuando Touriño tuvo una explosión controlada y dijo en público aquello de que las inversiones de Fomento estaban «no caixón».
El ex presidente no había ido de espía a Madrid ni había descubierto los proyectos en un cajón. Él se metió en la metáfora del cajón para denunciar, pero sin verbalizarlo, que la ministra de Fomento -olvidada eurodiputada en la actualidad- había estado boicoteándole al retrasar deliberadamente las inversiones.
Touriño puso de moda el uso del manido cajón hasta el extremo de que la primavera y el verano se pueden recorrer políticamente en este país saltando de cajón a cajón, como en la oca. A los pocos días de llegar, el presidente Feijoo también empezó a abrir cajones y, en un giro a la metáfora, en vez de proyectos escondidos encontró «agujeros».
Hablar de agujeros en los cajones sirve para erosionar a los dos partidos que perdieron el Gobierno, pero lo que ocultan es que los recursos de la Xunta no van a bastar para pagar el gasto comprometido. En una empresa se expresaría en un balance de pérdidas. En política se hace hablando de cajones con agujeros.
Al presidente le sucedieron las inmersiones en los cajones de más de la mitad de sus conselleiros. Y también de algunos que semanas atrás habían dejado de serlo, como María José Caride, hoy a la espera de destino en un banco del Parlamento y en un partido que ya no controla su mentor. «Non deixamos facturas escondidas no caixón», replicaba en abril la ex conselleira de Obras Públicas a las acusaciones de la nueva Xunta. Sin embargo, lo que también estaba haciendo Caride con su cajón era reivindicar una defensa de Touriño agradecida y honesta, quizá la más leal de todas.
A los agujeros en los cajones que iban coreando que encontraban los del nuevo Gobierno, los que volvían a la oposición respondieron con el mismo lenguaje, como si hubiera un pacto entre ellos para hablar sin que nos enteremos qué dicen.
Ya en verano las circunstancias obligaron a Touriño a reaparecer con la metáfora, otra vez, del cajón. José Blanco sustituye a Magdalena Álvarez en el Ministerio de Fomento. Hay que arreglar el embrollo, aunque siempre en el código político de las cajoneras: «Sabemos que estaba (en alusión al AVE) nun caixón e sabemos que con Blanco saldrá do caixón». Para los entendidos, su frase lo que contenía era una declaración de no beligerancia ante la toma del control del PSOE en Galicia por José Blanco.
Al escuchar la alusión al cajón que hizo esta semana la conselleira Pilar Farjas, la experiencia de los últimos meses recomienda colocarse en posición de alerta para detectar sobreentendidos. Es probable que la auditoría que encargó Farjas sobre la gestión de las listas del Sergas haya descubierto 20.000 pacientes durmientes; no registrados y pendientes de programación. El lifting de las listas de espera es común como las chuletas en los exámenes.
El cajón abierto por Farjas para acusar de malas artes a sus predecesores y rivales contiene sobreentendida otra noticia peor: la sanidad pública está desbordada. Cae de cajón.