El amigo baionés de Papandreu

VIGO

Con tan solo doce años, Yago Chamorro consiguió sortear a decenas de escoltas y hacer que el recién electo primer ministro griego posase con él en la Acrópolis

16 oct 2009 . Actualizado a las 11:34 h.

Llegó, vio y venció. El joven baionés Yago Chamorro Méndez puede presumir de haber conseguido, con tan solo doce años, una instantánea por la que lidiaban fotógrafos profesionales y en un país extranjero. Nada menos que en Grecia y dentro de su Acrópolis.

Ni siquiera fue un robado. Yago disfrutaba con sus padres del último día de un paradisíaco crucero que comenzó el día 5 en Estambul. El 12 tocaba jornada libre, y, para este joven, que asegura tiene a la Historia entre sus asignaturas favoritas, era ya de por sí un día especial. Por fin iba a tener la oportunidad de pisar personalmente uno de los conjuntos arquitectónicos más importantes del mundo y el que tantas veces había visto en televisión.

Pero la suerte quiso aportarle a la jornada una dosis doble de expectación. Cuando comenzaban a subir la colina, se toparon de frente con el desembarco de tremenda comitiva oficial custodiada por un nutrido, no menos espectacular grupo de guardaespaldas y flanqueada por decenas de turistas que se arremolinaron entorno al grupo.

No era difícil acertar que, en medio de todo ese gentío, debía haber alguien importante, pero sí era difícil reconocerlo y, de premio, conseguir verlo de cerca. El primer mérito de Yago fue precisamente saber de quién se trataba porque hubiera sido más fácil reconocer a algún famoso como un cantante o un jugador de fútbol. «¡Es Papandreu!», gritó a sus padres mientras enfilaba el grupo, cámara en mano, para hacer la foto de sus vacaciones. «Durante todas las noches que duró el crucero, lo veía en la televisión del barco porque acababan de ser las elecciones, por eso lo reconocí», confesaba ayer.

Yago intentó disparar con su cámara escabulléndose entre las televisiones y fotógrafos profesionales que cubrían a Yorgos Papandreu. Acercarse a menos de cien metros era misión imposible. Los guardaespaldas enseguida frenaron su camino.

Sin embargo y, para sorpresa de todos (especialmente para la guardia que segundos antes le había bloqueado), el propio primer ministro se interesó por él e instó a uno de ellos a que lo acercase. Yago no tuvo si quiera que darle al botón. Papandreu cogió él mismo la cámara del pequeño, se la dio a su padre y le pidió que disparase mientras abrazaba al joven. «Es muy alto y con cara de buena persona», aseguraba ya en Baiona ayer el protagonista, cuyo momento en la Acrópolis fue recogido en Grecia por las televisiones que retransmitían en directo una de las primeras salidas de Papandreu, quien tan solo seis días antes había jurado su cargo como primer ministro de Grecia.

No hubo tiempo para conversaciones, aunque habida cuenta de que una imagen vale más que mil palabras tampoco era relevante. «Ah, from Spain», es lo único que dijo Papandreu mientras posaba con Yago.

El joven, que vuelve con la maleta llena de regalos para amigos, vecinos, familiares, profesores y demás, también tiene claro que, «la foto es solo para mí». Y es que, aunque la haya cedido a La Voz, ya hay marco y sitio elegido en su habitación para colocarla.

Eso sí, antes, la llevará a su colegio, el Ángel de la Guarda. No es que los amigos duden de su palabra, pero es que hay que verlo para creerlo. Sobretodo si enseña además la del bloque de guardaespaldas, cámaras y turistas que cercaban el lunes al primer ministro griego.

«Los que lo conocen saben que es capaz de todo si se le mete algo en la cabeza», reconoce su madre.