Concha Soler cosecha el fruto del afecto sembrado durante 34 años

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

21 nov 2009 . Actualizado a las 02:41 h.

Hasta el apuntador lloró ayer en el homenaje que compañeros y amigos tributaron a la doctora Concha Soler. Han sido tantos los afectos que plantó y regó día sí y día también durante los 34 años que ha trabajado en el servicio de Pediatría del Hospital Xeral, que nadie estaba dispuesto a aceptar que le había llegado el momento de jubilarse. «No recuerdo un acto tan emotivo en esta casa», afirmaba una persona que conoce bien el hospital, en el que también lleva muchos trienios. En realidad, apostilló, no ha hecho más que recoger la cosecha que cultivó.

Además de la comida y el regalo al uso (en este caso un reloj de marca bien conocida), el homenaje incluyó una conferencia previa a cargo de Isaac Arias, colega y presidente de la Academia de Farmacia de Galicia, y unas palabras de agradecimiento que, en nombre de todos los compañeros, leyó Mar Portugués. Fueron los minutos en los que más Kleenex se desplegaron.

Hizo Mar un recorrido somero por la peripecia vital pero, sobre todo, profesional de la doctora Soler que, junto al también recién jubilado Jesús Antelo, y los próximos a dar ese paso Calviño, Martínez, Blanco, Hevia y Ocampo pusieron a andar el servicio de Pediatría allá por 1975. Hizo referencia a su proverbial ojo clínico, que tantas pruebas dolorosas evitó a los más pequeños, a su sólida formación, a su curiosidad científica... Pero, sobre todo, a su calidad ética y afectiva.

Un canto a la vida tituló por su parte Isaac Arias su disertación. Tenía su intríngulis dicho título, pero sólo los iniciados lo captaron a la primera. Y es que Concha hace sus pinitos en el mundo de la música como integrante de la coral del Colegio Médico. Precisamente otra de las sorpresas de la jornada llegó con la aparición del grupo en el escenario. «Le tenía mucho miedo a este momento, pero este derroche de afecto me lo está haciendo fácil», vino a confesar Concha, que hoy ya disfruta de su jubilosa jubilación.

Es la particular traducción libre que una servidora hace de parte de la conversación que el jueves mantuvo con José Castro a propósito de su desfile estelar en Tesoira. En realidad, las palabras textuales del inimitable creador cañicense fueron: «No sé adonde va el dinero público porque aquí no se apoya a nadie». Aún dijo más: «Nada me gustaría más que trabajar en Galicia, pero es imposible».

El lamento del diseñador no es nuevo, pero el silencio ha sido hasta ahora la respuesta. Dicho silencio le ha impedido volver a brillar en la Semana de la Moda de París porque la cuenta corriente (incluida la de su entusiasta familia) no da para más. A ver si en cuanto pase la manida crisis....

No abandono Tesoira porque dio para mucho, incluida alguna palmaria metedura de pata institucional. Llegada la hora de entrega de premios todos los pesos pesados de la Xunta (Beatriz Mato, Javier Guerra, Lucía Molares...) abandonaron sus butacas camino del escenario dejando solo solísimo a Abel Caballero. El alcalde tiene muchos defectos, pero esta vez los que quedaron con el protocolo al aire fueron los organizadores. Menos mal que Nidia Arévalo se percató de la situación y recorrió los cinco asientos que les separaban. Es lo que una colega bautizó como la conexión Ponteareas. Pues sí.

Las mejores recibieron ayer su merecido, es decir, su premio, en el transcurso de un acto celebrado en la Escuela de Telecomunicaciones. El certamen de relatos cortos de ciencia ficción de Gradiant sobre la escuela del futuro se enmarca dentro de la Semana de la Ciencia.

Antes de realizarse la entrega de galardones Javier González, portavoz del jurado, explicó a los chavales que el futuro que han imaginado quizá no esté tan lejano. Luego subieron al estrado, entre otros, Álvaro Rodríguez, Óscar Rivero, Marcos Santiso, Nerea Lima, Javier Gómez, Jara Fontenla, Marta Díaz, Brais López, Carla Rodríguez, Román Portela... Felicidades a todos.