La táctica de la alcaldía de aislar económica y socialmente a la Federación propicia la mayor crisis de la organización
27 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El movimiento vecinal trajo la democracia a Vigo antes que las propias elecciones municipales. Sus dirigentes entraban por las ventanas del consistorio en los setenta demandando a la corporación planes efectivos para hacer llegar el suministro de agua a todas las parroquias, mientras clamaban además por la inclusión efectiva de la ciudadanía en la cimentación de la nueva etapa política. Hizo después de la participación socio-cultural su bandera en los ochenta con la red de locales que Manuel Soto levantó por toda la periferia. Jugó un papel político trascendente también cuando varios de sus dirigentes decidieron alinearse políticamente ayudando al BNG a aupar a Lois Pérez Castrillo a la alcaldía a finales de los noventa. Y luego hicieron sufrir al nacionalista un encierro en el Concello cuando la socialista Isaura Abelairas pretendió hacer pasar una por una por su despacho a las asociaciones culturales para decidir cuales deberían tener subvenciones y cuales no. Antes, la intención de subir los impuestos por encima del IPC o la de hacer de Samil un vivero de edificios en primera línea de playa llevó a la calle a la Federación para seguir peleando por los derechos de la ciudadanía cuando en el Ayuntamiento regía con el PP la única mayoría absoluta de la que da cuenta la historia de la ciudad.
Sus batallas altruistas y los alineamientos políticos, que el movimiento vecinal también ha tenido la tentación de protagonizar, conforman el devenir de una organización que aglutina a 35 asociaciones, y que, por el poder que unas veces ha tenido y otras reclamado, se hace incómoda para el que no consigue dominarla o al menos aprender a convivir con sus virtudes y defectos.
Abel Caballero clavó rápidamente su mirada en la Federación Vecinal al llegar a la alcaldía, acusando al movimiento que representa de torpedear muchos de los proyectos frustrados que acumula Vigo, o al menos del retraso de otros que tardaron en ver la luz. Por eso no está dudando en ensalzar a otro tipo de organizaciones, hasta la respetable Federación de Peñas Recreativas El Olivo, a la que ha llegado a consultar su opinión en el tema de la fusión de las cajas.
Pero la táctica de Caballero está dando frutos para él y su partido. Convencido de que la presidenta de la Federación, Elena González, es una agente infiltrada del PP de Corina Porro, el alcalde ralentiza hasta el infinito el abono al movimiento vecinal de los 54.091 euros que para su funcionamiento están consignados en el presupuesto municipal del 2008. La Federación, que en las cuentas del 2009 no contó ya con la aportación municipal, se ahoga en sus propias deudas y compromisos económicos, colocándose más cerca que nunca de su quiebra e incluso desaparición.
Pero el futuro no parece nada halagüeño para los líderes vecinales, lanzados a pedir, sin demasiado éxito, el apoyo de la ciudadanía y las formaciones políticas viguesas. La cercanía de las elecciones no hace prever que Caballero vaya a cambiar de opinión, sino todo lo contrario. El regidor no quiere dar aire a una de las organizaciones que más le ha criticado, pero que al final ha sabido sobrevivir a los alcaldes más dispuestos al diálogo y a los que no lo son tanto.