En la ciudad del ruido, tenía que triunfar el grupo Sunn O))). El pasado lunes, se agotaron las entradas para el auditorio del MARCO, donde más de doscientos vigueses vibraron, literalmente, con la banda de Portland. La descarga de decibelios y las frecuencias que explora el grupo hacen que el espectador, más que en un concierto, se sienta en un terremoto. Al punto de que la organización del festival Sinsal recomendaba al público acudir con tapones para los oídos, para evitar daños en el tímpano. También desaconsejaba la entrada a quienes padeciesen ansiedad.
Sunn O))) lleva el drone metal a dimensiones desconocidas. Escucharlos llega a dar miedo. Y su puesta en escena deja en ridículo el teatro de la crueldad de Artaud. Meses atrás, The New York Times tituló la crónica de un concierto: Heady Metal , un juego de palabras entre «embriagador» y «cabezón», que produce jaquecas.
Ni estos precedentes disuadieron al público vigués, que abarrotó la sala, todos con sus tapones en las orejas. Al fin y al cabo, muchos asistentes, en cuanto comenzó el concierto, podían sentirse como en casa.
Vigo es la ciudad más ruidosa de Galicia. Y la séptima de España. Eso dice el último mapa sónico realizado, pero hay días en que uno piensa que se queda corto. Que deberíamos ocupar un puesto más alto en la clasificación estatal.
Entre el tráfico y las obras vivimos en un concierto permanente de drone metal , en el que participan, como artistas invitados, las ambulancias frenéticas y la pasión por la bocina del coche como instrumento musical. Los vigueses, cuando conducimos, experimentamos el proceso inverso al de las mariposas: Nos convertimos en capullos. Así que aporrear el claxon es el pasatiempo nacional.
Para agravar las cosas, vivimos al parecer en un «anfiteatro natural». Así lo aseguran los autores del estudio, que afirman que Vigo se asienta sobre una «caja acústica» delimitada por O Castro y A Guía. Así que no que sólo vivimos en una ciudad ruidosa. ¡Es que estamos en la Scala de Milán de los Ruidos!
Hace años, cuando salía de copas los sábados, un amigo se quedaba siempre dormido en la discoteca Código de Barras, con la cabeza apoyada en un bafle. A sus compañeros de fiesta nos parecía algo asombroso. Hasta que comprendimos que vivía en la calle Alcalde Portanet. Para él, los Stone Roses atronando a todo volumen en sus tímpanos era una nana tan arrulladora como el tráfico de camiones ante su ventana. Si has sido vecino de Alcalde Portanet, no te despiertan ni los petardos de barrena.
Así que bien se entiende el éxito vigués de Sunn O))). Somos una ciudad adicta al drone metal . Vivimos en el ruido. Y, por lo visto, nos entusiasma.
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