Una ocurrencia poco ilustrada

VIGO

Cultura se sorprendió por la idea del alcalde de ubicar la biblioteca estatal en un auditorio que será explotado por la iniciativa privada

11 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La concesión de la obra y explotación del futuro auditorio de Vigo a punto estuvo de generar en su día un conflicto jurídico entre Caixanova y Caixa Galicia, que de haber prosperado hubiera evidenciado ante los tribunales la alegría con la que el Concello vigués interpreta en no pocas ocasiones y desde tiempo inmemorial las normas básicas para la concesión de ciertas obras, grandes servicios, asesorías o incluso la contratación de personal.

La constructora Necso, socio en el concurso del auditorio de la entidad financiera coruñesa, puso el grito en el cielo tras conocerse que el tándem Caixanova-Sacyr se hacía con la adjudicación y explotación de la infraestructura cultural pese a que la propuesta de la caja viguesa eliminaba una de las tres plantas del párking que constaban en las bases del concurso y que reducía algunos de los espacios públicos previstos. Abel Caballero, que puso en cuestión la adjudicación realizada durante el mandato de Corina Porro, acabó por asumirlo tras llegar a la alcaldía, desde donde no solo volvió a modificar el proyecto, rebajó alguna de las calidades diseñadas por César Portela y aumentó el período de concesión, sino que a punto estuvo de condicionar el uso del edificio al anunciar que el solar que acogió a la extinta Casa Mar sería apretado en su interior -ya en obras- para insertar la biblioteca estatal que Vigo lleva pidiendo desde hace años.

Nada constaba en el pliego de concesión del auditorio sobre la inclusión de la citada biblioteca. No había por tanto establecida ninguna reserva de uso para ese fin por parte de las administraciones públicas al margen de la gestión por Caixanova. Pero esa alegría con la que se resuelven en más ocasiones de las justificadas los concursos por parte del Ayuntamiento vigués daban para Caballero un respaldo suficiente para su ocurrencia. Además, al meter la biblioteca en el auditorio ¿qué se eliminaba de los espacios con los que se había hecho y decidido el concurso de construcción y adjudicación? ¿Cómo se puede reformar de tal manera un proyecto ya en marcha?

Aseguran que el ex ministro César Antonio Molina cuando le hablaban de la biblioteca viguesa se echaba las manos a la cabeza. Aseguraba no entender la dinámica del Concello que tan pronto proponía Cluny para acoger dicha institución, como la cambiaba a la Escuela de Artes Oficios, a la misma Praza do Rey junto al Concello o al edificio del antiguo Rectorado. La verdad, es que es para sorprenderse con semejante baile y la sensación de poca claridad con la que se ha defendido la inversión para la biblioteca viguesa.

Pero Cultura acabó de alucinar aún más con la seriedad con la alcalde defendió ante el ministerio ubicar dicho servicio en el auditorio. Por más vueltas que le dieron en Madrid no acertaron a entender como a todo un ex ministro se le ocurría defender que un recinto público que va a ser explotado en régimen de concesión por una empresa privada pueda contar con una inversión pública sobrevenida como la que tendría que hacer el Ministerio de Cultura para crear y dotar a la biblioteca estatal. El laberinto jurídico que habría que resolver sería de tales dimensiones que Cultura buscaría sin lugar a dudas otra ciudad con un emplazamiento más claro y fácil para ilustrar a la ciudadanía. Pero en Vigo somos así. Cambiamos el trazado de la entrada del AVE cuando ya está en obras, propiciamos que se retrase la salida sur, redefinimos la ETEA cada dos años y ahora le damos vueltas al auditorio, donde al final podría pensarse en colocar hasta un Ikea.