La fiesta gastronómica más antigua de Galicia reunió durante el fin de semana a unas 30.000 personas en torno a la lamprea
26 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Parecía que los organizadores de la Fiesta de la Lamprea, la más antigua de las gastronómicas del calendario gallego, hubieran encargado el día. Ni demasiado calor ni una sola gota de agua, lo que animó a miles de personas a poner rumbo a Arbo de buena mañana. A la una de la tarde, cuando la efervescencia tanto en la plaza central de la localidad como en las calles adyacentes empezaba a tocar techo, resultaba difícil abrirse camino entre la multitud. «Este año está siendo espectacular, confirmaba el teniente de alcalde», Horacio Gil.
La previsión del Gobierno local de habilitar zonas de aparcamiento en las inmediaciones del campo de fútbol, impidió el colapso de tráfico. Coincidían algunos de los habituales en que la mayor afluencia de este año tiene que ver sin duda con la celebración de una edición tan redonda, la número 50.
También los organizadores quisieron celebrar de una manera especial este primer siglo de fiesta. Así, invitaron a los 19 pregoneros que ha tenido la cita (hasta el año 1991 no se instauró dicha figura), la mayoría de los cuales acudieron puntuales. Entre ellos, Sancho Gracia, Yolanda Vázquez, Arturo Maneiro, Paco Lodeiro... Este año, el encargado de pregonar las bondades del más que feo pez del Miño fue el magistrado Jesús Souto.
Hubo igualmente un recuerdo para los predecesores de Manuel Rivera en el impulso de la fiesta, cinco en total, dos de los cuales aún viven, Hermenegildo Rivero y Jorge Freijanes, a quienes se les hizo entrega de una lamprea de plata.
En los abarrotados restaurantes de Arbo se sirvieron ayer docenas y docenas de lampreas, cuyo preció osciló entre los 60 y los 70 euros. Las raciones (entre cinco y seis por lamprea) que han podido degustarse en la plaza a lo largo de todo el fin de semana, podían adquirirse por 7,50 euros gracias, según explicó Horacio Gil, a la subvención que aportó el Ayuntamiento.
La preparación más demanda fue la fresca, la que denominan al estilo Arbo. «La seca y la asada pueden consumirse todo el año, así es que hay que aprovechar la temporada para tomarla recién salida del río», apuntó Gil. Dicha temporada remata a finales de mayo.
El gusto por la lamprea viene de antiguo. Se sabe que los romanos ya las conocían, de hecho a ese pueblo se le atribuye la construcción de algunas pesquerías en las orillas del Miño que todavía están en funcionamiento.
Al margen de lo gastronómico, el plato fuerte de la jornada lo puso el cantante Manuel Carrasco, cuyo concierto puso el punto y final a la fiesta.