El Verbum no recibe ni un solo visitante en toda una mañana. La sala más concurrida es el cuarto de baño, servicio que comparte con la cafetería anexa
08 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El aparcamiento del Verbum es de gran utilidad a todos los que se acercan a Samil a ver a Bob Esponja o a los que sencillamente quieren darse un baño. También les sirve a los que llegan desde Portugal todos los domingos con algo de retraso y no encuentran sitio más cerca de la playa. Aparcan su caravana llena de tortilla de patatas, ensaladilla y refrescos al lado del museo de las palabras.
La sala más visitada del complejo es el cuarto de baño, pero no se trata de una cuestión de incontinencia de los pocos visitantes que recibe la Casa das Palabras. Se debe al simple hecho de que la pinacoteca comparte los servicios con la cafetería. La señora de la limpieza es la compañera fiel de los 29 cubos que rinden homenaje a las letras del alfabeto. Y quien quiera que lo compruebe. Que entre en el museo y se fije en cómo las dos dependientas se pelean con los gestos por vender una entrada. Que sienta el silencio sepulcral de los pasillos, y que, con miedo, se atreva a interrumpir ese silencio con la explicación grabada de uno de los paneles. Así verá como el eco de la voz automática y repetitiva se extiende por la sala principal mientras la señora de la limpieza se aplica en sacar brillo al pasamanos. Y es que, irónicamente, la Casa das Palabras se ha convertido en la casa del silencio más absoluto. Comprobado: la mañana del pasado 5 de agosto no entró ni una sola persona.
El precio por entrar en lo que parece una atracción de feria al estilo mansión fantasma es de 3 euros. Aunque se hacen descuentos por edades, grupos y familia numerosa al precio de 1 euro. Pero ni así.
Las visitas que recibe el museo las organizan colegios o se deben a exposiciones y conferencias temporales. Quizás el motivo que explique el poco éxito de la exposición permanente sea que las unidades informativas sean inconexas entre sí. Además, cabe añadir que se han producido quejas porque la renovación de los cubos que corresponden a las letras no se ha llevado a cabo tal y como se tenía pensado en un principio. Se esperaba ir renovándolos anualmente, pero desde que el museo está abierto solo se han cambiado dos.
En verano, el Verbum aumenta su horario en dos horas con la esperanza de que alguien se anime.