El próximo 2 de diciembre se conocerá si la candidatura ibérica conformada por España y Portugal logra la organización del Mundial para el 2018 o el 2022. Desde la Federación española se transmite mucho optimismo dado que les avala la fuerza de una candidatura conjunta, y que España, como actual campeona del mundo, ha ido recolectando votos a través de los amistosos que ha disputado en lugares tan lejanos y dispares como Azerbaiyán, México, o Argentina. El propio director deportivo de la Federación, Fernando Hierro, hizo ver hace unos días que confiaba en que esos encuentros se conviertan en votos en diciembre.
Para que Vigo se quede como una de las doce sedes del Mundial tiene que salvar unos cuantos escollos, además de la reforma de su estadio. Por un lado la cercanía con Oporto que está a solo 150 kilómetros. La capital del norte luso y Lisboa serán las únicas localidades portuguesas elegidas. El teniente alcalde nacionalista, Santiago Domínguez, entiende como una ventaja, esta cercanía pero parece un hándicap, el mismo que tendrá Badajoz. Galicia parte con la desventaja de su cercanía a Portugal, y es Gijón, ahora mismo la que suena con más fuerza en el noroeste peninsular en el que también optan a sedes Santander, Bilbao y San Sebastián.