Los alcaldes y sus exámenes

VIGO

La ciudad con menos representantes institucionales de Galicia es la que más regidores tiene, y tres de ellos se la juegan en mayo

10 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

A finales de los noventa, cuando el PP construía su candidatura a la alcaldía de Vigo, al aspirante al puesto por dicho partido se le ocurrió una frase mágica para verbalizar la división de poderes que caracteriza a la ciudad que sin embargo cuenta con la menor representación institucional de Galicia. «El alcalde del Puerto soy yo», dijo Juan Corral, para ensalzar su puesto de mando como presidente de la Autoridad Portuaria y tratar de colocarse a la altura de conocimiento público de su rival directo, el entonces regidor Lois Pérez Castrillo, y de su socio, el ex alcalde Carlos Príncipe.

Pero aunque la mayoría de los vigueses no supieran en ese momento quién era Corral, lo que si sabían era que el Puerto tenía su rey de taifas, como ocurría en la Zona Franca, la Universidad, el empresariado, el movimiento vecinal y hasta en el Celta.

Diez años después, Vigo no ha mudado su estructura pública, evidenciando que harán falta décadas para lograr un mejor entendimiento entre instituciones y conseguir así una ruta común para la ciudad.

Pero por ahora, solo en el ámbito político y a siete meses de las elecciones, nos encontramos a un alcalde del Ayuntamiento, a una alcaldesa del Puerto y a un alcalde de Cultura, Deportes, Bienestar y las demás áreas que asume el BNG en el gobierno local. En otras ciudades gallegas es más difícil que sus habitantes lleguen a las urnas identificando al responsable portuario, o siendo capaces de poner nombre al apoyo del alcalde en sus bipartitos. Vigo, para lo bueno y lo malo, es así. A casi todo el que quiera se le da una oportunidad, pero también se le cobra, siendo muy costosos los fracasos, que marcan de por vida a quienes lo sufren.

Vigo, que es la única ciudad gallega donde los tres principales aspirantes a la alcaldía en el 2007 volverán a repetir el próximo 22 de mayo, tiene por ese motivo la oportunidad de diferenciar en las próximas municipales quién sube y quién baja. Solo bastará ver si Abel Caballero supera su techo del 29,43% de los votos cosechado hace tres años y medio; si Corina Porro logra más de su 44,12% de entonces, y si Santiago Domínguez aguanta su 18,58%. El que baje acuñará su particular fracaso personal, aunque la aritmética política favorezca el entendimiento y con él las alianzas incluso de quienes no venzan. Pero no solo los porcentajes definirán éxitos y fracasos. Caballero ha dicho más de una vez que sus encuestas le permiten augurar que será el candidato más votado, con lo que él mismo se subió la nota para el aprobado. Domínguez será examinado con lupa por una UPG que nada más acabar las elecciones empezará a mover su maquinaria para apuntalar a Guillerme Vázquez como candidato a la presidencia de la Xunta. Y Porro se enfrentará a su última oportunidad, en la que será su quinta presencia en las listas del PP en las municipales.

Los tres se juegan su futuro, eso sí, siempre menos relevante que el del conjunto de los vigueses, que ojalá en esta ocasión tengamos la oportunidad de elegir entre listas de mayor peso y calado para tener que dejar de buscar alcaldes en cada sector y actividad de la ciudad.