El gobierno presidido por el nacionalista Euloxio López había proyectado un aparcamiento subterráneo al lado de la Alameda Vella. Convocó un concurso de ideas e intentó, sin éxito, encontrar una empresa animada a construirlo a cambio de su explotación. Era un párking con dos sótanos en una zona robada al mar, en la que había rocas y arena.
El regidor que sustituyó a Euloxio López, el popular José Enrique Sotelo, trasladó el proyecto hacia la Alameda Nova, primero a su extremo oeste, más tarde hacia el oeste y finalmente, hasta la parte trasera del concello.
El mismo grupo de empresarios al que le fue adjudicado el párking de la avenida de Marín optaba a construir este. El proyecta creció, se le adosaron adornos para hacer de la infraestructura un atractivo turístico y, al fin, se consultó a Costas. El canon que indicó el organismo convenció al Concello y a los posibles adjudicatarios de que era un proyecto inviable.
El proyecto fue aparcado y no se buscaron más alternativas. En las obras realizadas por la Xunta en la zona portuaria no se contempló la posibilidad de hacer un estacionamiento subterráneo.
Por las mismas fechas, el gobierno cangués reservó un espacio en la calle San Xosé, justo enfrente del cementerio municipal, para construir un párking subterráneo. La pretensión era ofrecer a los vecinos una zona para dejar sus coches antes de entrar en el casco viejo.
El proyecto fue adjudicado y la empresa valló la zona e inició el movimiento de tierras. La obra fue paralizada por el recurso presentado por el promotor de un edificio contiguo. El Concello incluyó cambios en el proyecto. Ya con el gobierno tripartito, el entonces concejal de urbanismo, Mariano Abalo, paralizó la obra hasta que la adjudicataria y los vecinos del lugar llegasen a un acuerdo. No se llegó a plasmar y el proyecto quedó parado desde entonces. No se sabe qué fue de el.