Bruselas, Portugal y hasta Fráncfort forman parte del tablero por el que mueven a sus tropas socialistas y populares gallegos
14 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Habían sentado mal en Fomento las cartas que el presidente de la Xunta envió a Durão Barroso y a Sócrates manifestando su rechazo a que Portugal usase en Lisboa las subvenciones que la UE le había concedido para construir el AVE Vigo-Oporto. Pero peor ha caído a José Blanco que Feijoo proclame que gracias a sus cartas el eurocomisario Siim Kallas acabe de prohibir a Portugal que toque un euro de dichas partidas si no es para poner en marcha el tren lusogalaico. Fomento niega que la respuesta de de Bruselas tenga algo que ver con la presión que el presidente gallego interpreta, en cambio, que fue vital para salvar el AVE transfronterizo.
Pero sea como fuera, los políticos gallegos no dudan en coger el mapa de Europa para desplegar sus estrategias en su particular partida de Risk. Desde el PSOE se asegura que el PP ha creado para esa batalla un cuerpo de infantería con la surgida de la nada Asociación Profesional de Ingenieros de Organización Industrial, a los que ven girar siempre a la derecha. Desconfían también de que en la caballería se haya integrado el lobby de constructores nacido esta semana para reclamar el AVE Vigo-Oporto. Y lo piensan porque su bautismo estuvo apadrinado por el IGAPE y Alejandro Gómez, azote en el Parlamento gallego de José Blanco y uno de los fontaneros más precisos de la sede del PPdeG.
Y como quiera que Feijoo evidencia que está dispuesto a zurrar al titular de Fomento con el AVE que más lejos está de ser realidad, los socialistas no ven más que en la reivindicación del Vigo-Oporto una estrategia de su adversario en su particular batalla de Risk.
En todo caso, el movimiento de tropas populares sobre el tablero hacia Portugal no hace más que crear desconcierto en el PSOE. Tanto, que tras la firma en Viana del acuerdo sobre los peajes entre el conselleiro Agustín Hernández y el secretario de Estado luso Paulo Campos, Abel Caballero no dudó en ajustar cuentas con sus asesores. A estos les reprendió seriamente por no haber sido capaces de ver con anticipación que el arreglo iba a producirse y que él se iba a quedar fuera de la foto, mientras además sus adversarios sumaban puntos en favor de Vigo. El alcalde de Viana, socialista como él y anfitrión del encuentro, no le llamó, arrogándose la representación de los regidores del Eixo Atlántico, que por cierto Caballero preside. Uno de los alcaldes que integran dicha institución llegó a excusarse diciendo que el regidor vigués tampoco había invitado a ninguno mandatario del Eixo cuando fue a Lisboa a hablar con el ministro Mendonça precisamente del AVE.
La Xunta, como era evidente, tampoco convocó al alcalde vigués, como ni se le pasó por la cabeza al Gobierno luso, molesto aún con la interpretación de Caballero de la citada reunión con Mendonça. Y a Fernández Alvariño, que fue como invitado a Viana y deseoso de sumar puntos en su nueva carrera contra Fontenla por la presidencia de los empresarios gallegos, tampoco le correspondía avisar a Abel, que no olió tampoco ninguno de los encuentros clandestinos que en un área de servicio lusa se llevaron a cabo en los últimos diez días para acabar con el conflicto de los peajes. Cuyo arreglo, por cierto, fue una orden directa de Sócrates, después de que le contase todo el lío un alto cargo socialista portugués que no dio crédito cuando un mandatario gallego le explicó en Fráncfort la verdad de los peajes y no lo que el ministro portugués le estaba vendiendo a su primer ministro.