«La Panificadora es un edificio con encanto que forma parte de mi vida»

Soledad Antón / M. J. Fuente VIGO/LAVOZ |

VIGO

Aunque Carmen Bianchi se sintió atraída por el mundo de política desde joven, no se afilió a ningún partido hasta 1989, coincidiendo con el nacimiento del PP

20 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Nació Carmen Bianchi en plena canícula, así es que el acontecimiento pilló a la familia en la casa de vacaciones de Pantón. «Algún verano llegamos a reunirnos allí 42 personas. Había colchones por todas partes», recuerda. Claro que ella se siente completamente viguesa ya que, con pequeños paréntesis viajeros, obligados por el trabajo de su padre, que era militar, su infancia y gran parte de su adolescencia transcurrieron en el paseo de Alfonso.

Por eso no tiene dudas a la hora de elegir rincón favorito. Además, es uno de esos balcones con vistas al mar, que es otra de sus querencias. «No puedo estar lejos del mar mucho tiempo. Fue lo que peor llevé durante mis años de universitaria en Madrid», asegura.

Pero el paseo de Alfonso era para Carmen Bianchi y los suyos mucho más que el lugar de residencia. Allí estaba también el modus vivendi familiar, la Panificadora. Fue su abuelo, Antonio Valcarce, el que la fundó en los años veinte del siglo pasado. «De hecho, la casa, ahora restaurada, era una prolongación de la Panificadora», señala.

Por eso sigue con especial atención la historia sobre la posible recuperación del singular edificio que, después de muchos tiras y aflojas, parece que tendrá un final feliz. No quiere entrar en cuestiones políticas, tampoco en las arquitectónicas, «porque es un tema que no domino, pero además de un edificio con encanto para mí es, obviamente, un espacio entrañable. Forma parte de mi vida», dice.

Recuerda la gran visión que tuvo su abuelo, «un hombre muy trabajador», que empezó con una pequeña panadería y terminó cerrando el círculo del pan con sendas fábricas de harinas en Peñaranda y Valladolid. «Pensó que Vigo, por su situación de puerta marítima, era un lugar estratégico para la posible importación de materia prima. Acertó, como se demostró a raíz de la Guerra Civil».

Llanto

Con apenas 17 años Carmen abandonó aquel entorno familiar en el que todos sus miembros formaban piña. Fue cuando le llegó el momento de incorporarse a la Universidad. «Lloramos todos cuando me fui a Madrid, pero entonces en Vigo ni había Universidad ni se la esperaba y yo quería ser economista. Siempre les agradecí a mis padres que me facilitaran tanto las cosas en un momento en el que el acceso de las mujeres a la formación superior era el que era», subraya.

La extraordinaria evolución que en aquellos años 60 estaban experimentando las cuestiones tecnológicas interesó especialmente a Carmen Bianchi, que decidió licenciarse también en Informática. Fue precisamente esta especialización la que le abrió las puertas del mundo laboral. Barreras contrató sus servicios como jefa del entonces incipiente departamento de Informática. «Éramos más de 2.000 trabajadores. Luego vendría el INI, la reconversión naval...», recuerda.

Las cosas se ponían feas, así es que con los cuarenta ya cumplidos volvió a zambullirse en los libros para preparar oposiciones a la Xunta. Y es que en la empresa familiar, la Panificadora, las cuentas tampoco salían, sobre todo tras la muerte de su abuelo en 1978. Así fue como desembarcó en la Administración.

Aunque la política siempre le interesó, su participación activa en este campo no llegó hasta que López Veiga la propuso como subdirectora de Pesca en 1992. Vendrían luego la delegación de Familia, la dirección del Instituto da Muller y la delegación de Industria. Desde el 2009 es la jefa territorial de Traballo. Ni afirma ni desmiente que un día formó parte de la terna de candidatos a la alcaldía de Vigo por el PP. Lo que sí dice es que «a todo el mundo le gustaría ser alcalde de su ciudad».