A la cuarta fue la vencida para un Barça que cada vez que se midió contra el Rubín se estrelló contra una defensa inexpugnable, aunque el equipo azulgrana supo encontrarle por fin los puntos débiles y en dos de las pocas ocasiones de gol de que dispuso se llevó el partido (2-0).
El Rubín Kazán no desmereció la idea de fútbol que se ha aplicado con el Barcelona y con un juego ordenado, cerrando todas las posibles vías de agua en la retaguardia, mantuvo a línea a los barcelonistas, incapaces de llevar casi ni una vez el balón con peligro y controlado a la meta de Ryzhikov.
Con el innegociable propósito de impedir que el Barcelona marcase ni un solo gol, el partido se convirtió en un aburrido y monótono enfrentamiento en el que el Barcelona tuvo la pelota en el centro del campo, la movió con lentitud y sin opciones claras de enviarla al área rival.
Así, las mejores acciones llegaron de lanzamientos desde lejos, sin que ninguno de ellos llevase peligro. Solo en las lesiones de Jeffren, en una acción en solitario, y de Bojan, que recibió un golpe en la cabeza, el partido se sacudió un poco.
La primera parte, tras disparos de Thiago sin puntería, y alguna internada de un intenso Adriano por la banda izquierda, no tuvo mucha historia en azulgrana, a excepción de una gran parada de Pinto sobre la línea de gol, tras un envenenado balón que le lanzó Ansaldi, tras perder la verticalidad.
En la segunda parte, el Barça volvió a robar la pelota, a tenerla casi en exclusividad, con la idea de buscar un agujero por donde colarla y entregarla a un compañero que pudiese romper uno de los sistemas defensivos más impenetrables contra el que se ha medido.
El Barça la buscó con paciencia, pero todo apuntaba que para penetrar entre las murallas del Rubín debía contar con el acierto individual de uno de sus jugadores, como así fue en el minuto 50, cuando Thiago efectuó una gran acción individual, cedió a Fontàs, quien, de disparo floto, tras tocar el balón con la mano Kaleshin, logró deshacer el empate (1-0). El segundo era y fue cuestión de tiempo. Su autor, Víctor Vázquez.