La constancia hecha liderato

Xosé Ramón Castro
X. R. CASTRO VIGO / LA VOZ

VIGO

Veinticinco jornadas después el Celta saborea el liderato en solitario. Tan solo en una ocasión (en el séptimo capítulo de la Liga), había estado en lo más alto, aunque compartiendo todos los números con el Rayo y accediendo a la atalaya merced a la clasificación del juego limpio.

El liderato en solitario no da títulos y ascensos a falta de 17 partidos, pero es el reconocimiento a la constancia de un equipo que solo ha perdido dos encuentros en toda Liga.

Y el primero fue además en la ópera prima. Herrera sabía que en Vigo se habían relacionado las tres campañas infames anteriores con los malos comienzos y con la incapacidad del Celta para ganar el primer partido de Liga, siempre en casa y ante novatos en la categoría. A la cuarta se repitió la historia y el recién ascendido Barcelona B se llevó el triunfo a finales de agosto. Fue un palo descomunal, añadido tres días después a la eliminación copera a manos del Alcorcón en primera ronda.

Sies triunfos consecutivos

La reacción llegó en Soria. El cambio de centrales, dando la alternativa a Vila y Catalá, provocó la primera goleada a domicilio de la temporada y la victoria ante el Numancia fue la primera de las seis consecutivas que encadenó el equipo. Las comparaciones con el inicio de Liga del Málaga, que en su día le llevó a Primera después de ganar en los siete primeros encuentros, no se hicieron esperar. En aquel pleno de 18 puntos consecutivos el Celta comenzó a enseñar sus cartas: Un contragolpe asesino con De Lucas y David Rodríguez. Poco después, apareció también la vertiente combinativa apadrinada por Roberto Trashorras. Uno de los muchos aciertos de Paco Herrera ha sido encontrar al fin la posición ideal del lucense, que desde la media punta juega con total libertad dejando el trabajo sucio para Bustos, Garai y Álex. Fue el alicantino el último de los tres en subirse al carro de la titularidad, pero desde Tenerife ha completado una vuelta completa como un hombre imprescindible. La apuesta sirvió al equipo vigués para permanecer durante diez jornadas sin conocer la derrota, sumando 22 puntos de los 30 en juego.

La derrota de Pucela

Después de cuatro empates consecutivos, coincidiendo además con la ausencia de Quique de Lucas por una lesión, el equipo mordió el polvo en Valladolid. En un partido que tenía controlado y que acabó regalando después de padecer dos expulsiones. Era el 14 de noviembre del año pasado y desde entonces no ha vuelto a perder. Aquella derrota acabó por convertirse en el último accidente.

Tercera racha de la historia

Desde entonces han pasado trece jornadas y el Celta no ha vuelto a perder. El dato le ha llevado a superar de un modo sucesivo las series de Fernando Vázquez y Chechu Rojo, de diez y doce partidos, y que terminaron desembocando con el equipo en Primera División. También dejó por el camino el registro de Pepe Murcia, pero sus once partidos seguidos sin morder la lona fueron fruto de un cúmulo de empates. El siguiente reto sería alcanzar las diecinueve del curso 75-76. La más grande quedó en los anales de la historia en el curso 80/81 en Segunda B: 29 sin perder de la mano de Pavic.

La rampa de enero

El comienzo de año se presentaba como la prueba del algodón para saber si el Celta era candidato al ascenso directo. Tenía cuatro partidos fuera en el primer mes del año y todos ellos ante rivales de la parte alta. Las victorias en Vallecas, Elche y Cartagena, y el empate en el Miniestadi despejaron cualquier duda. Como premio, la goleada al Numancia permitió a los celestes volver a la zona de ascenso directo dos jornadas atrás, paso previo para asaltar un liderato que se le había puesto a tiro en dos ocasiones. A la segunda, fue la vencida y lo que no hace mucho tiempo era un colchón seis puntos a favor del Betis se ha convertido en un de cinco para el Celta.