«Ellas van a la discoteca y llevan una vida de hotel»

La Voz

VIGO

La crisis ha llegado a las barras de los clubes de alterne y los gerentes lo notan en las cuentas

08 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La Brigada de Extranjería tiene censados entre 20 y 25 clubes de alterne en la zona sur de la provincia de Pontevedra. Entre los más grandes figura La T-4 de Peinador y el Falcon Crest de O Porriño. Otros son bien conocidos como el Mamba Negra, de Vigo, el Picardías de Ponteareas o el Show Girls de Mondariz, además del Witiza o el Coyote. Un mítico, el Barbarella, de Vigo, fue cerrado por el Ayuntamiento. El negocio fluctúa por temporadas, con la crisis bajó el número de clientes y las chicas que trabajan allí. La policía lo sabe por sus controles que hace junto a inspectores de Trabajo. «Abren, mañana cierran y abren otro», dice la policía.

Algunos gerentes de los clubes de alterne de Vigo y la comarca confirmaron que la crisis les golpea tanto como la prohibición de fumar dentro del local. «El 70% de nuestros clientes es fumador y así no se puede, es incómodo y, una vez que salen, se van», explica el responsable de uno de los mayores clubes de la provincia, que pide respetar el anonimato.

Para este gerente, la crisis se nota en que los clientes gastan menos. «El que hace el día a día es el obrero. Prefiero clientes que toman copas tres veces a la semana mejor que el que viene una noche y gasta 3.000 euros», indica. Añade que hay mucha leyenda urbana sobre un sector que lleva años de debate entre la regularización y la legalización. «Algunos se piensan que esto es la gallina de los huevos de oro pero hay que saber llevar el negocio, hay que estar formado. Esto cambió, no es la cortina roja, se ha profesionalizado», añade.

Una de las cosas que más notan los jefes de los clubes es que, con la crisis, los clientes ya no hacen la ronda de copa en copa por locales de Vigo, Mos y O Porriño. «Como ya no disponen de tanto dinero, solo van a un local. La gente ya no es de repetir», explica. Lo que les ha salvado del cierre es que no fían. «No es como en otros negocios, cobramos en efectivo».

Algunos se quejan de la competencia desleal de mujeres de Italia o Portugal, «donde se nota la crisis», y se instalan aquí en pisos. Otras veces, las mujeres llaman para pedir plaza. «Ojalá siga así, tenemos las habitaciones llenas de señoritas que quieren hospedarse 15 días o más tiempo. Van a la discoteca, llevan vida de hotel, salen cuando quieren y mandan en los empleados. Algunas llevan tres o cuatro años aquí, casi no hay huéspedes nuevas», asegura.

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