Hace algo más de un año, cuando la UPG terciaba con Santiago Domínguez por imponerle a los componentes con posibilidades de salida en la lista nacionalista, el candidato a la alcaldía amagó con abandonarlo todo si no se le dejaban manos libres para confeccionar el que ahora va a ser su equipo en la corporación. El pulso concluyó de alguna manera en tablas, al poder contar con sus cuatro compañeros de grupo en los primeros puestos, pero aupando la UPG a Iolanda Veloso del cuarto lugar al segundo, del que se cayó María Méndez. Es cierto que desde entonces entre el nacionalismo local no se registraron más desencuentros destacables, pero en el entorno de Santiago Domínguez se sabía que un mal resultado en las elecciones del domingo podría propiciar que la «U» intentase forzarlo a dimitir.
La caída en las urnas era más que posible, ya que hasta los sondeos de los nacionalistas dibujaban hace un año el mismo escenario que al final se acabó por cumplir. Y como Domínguez ya había recreado mil veces en su mente la escena de una noche electoral de fracaso, poco después de conocerse los primeros escrutinios tomó la iniciativa y puso su cargo a disposición antes de que nadie se lo pidiera, pero haciendo evidente que la pérdida de apoyos del nacionalismo no se debió a una circunstancia exclusiva de Vigo, sino que en gran parte estuvo motivada por la crisis que sigue arrastrando el frente desde las autonómicas y que hace que aunque la gestión de sus dirigentes pueda ser valorada, la ciudadanía no perciba un planteamiento claro y sólido.
En Ourense el BNG perdió tres ediles; dos en A Coruña, Lugo y Vigo, y otro en Santiago. Y con esa caída general de 50.000 votos y 71 concejales en toda Galicia Domínguez encontró su blindaje, suficiente para no convertirse en cabeza de turco y negociar más adelante su futuro en el Bloque, más inmerso ahora en pensar su futuro tras casi 30 años de historia que en buscar nombres y carteles electorales. Sí la UPG fuese a por Santiago Domínguez, Máis Galiza iría a por la UPG, pues suyos fueron los fracasos de Santiago, A Coruña, Ferrol, Lugo y Ourense. Así que Santi queda blindado y en condiciones de negociar quizás su vuelta a Santiago como parlamentario.