La asamblea del BNG rompió a aplaudir cuando se criticó que se vaya a hacer alcalde al socialista. Domínguez dio un golpe de efecto al final
03 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Pasan ya de las 20.30 del miércoles y la militancia nacionalista apura los últimos pitillos en la puerta del hotel Coia. Están a punto de vivir una asamblea histórica: el Bloque renunciará por primera vez a formar un gobierno de izquierdas en Vigo. Será una asamblea «tirante», cuenta un dirigente. Lo que sigue es una breve reconstrucción del debate, a partir de testimonios aportados por militantes.
Los dos grupos más fuertes, UPG y Máis Galiza, entran a la reunión con posturas claras: no a pactar de nuevo con Caballero. Eso le ha costado al Bloque dos concejales y 11.000 votos. Pero el primer militante que coge la palabra dice: «Temos que gobernar». Y más de uno pega un respingo en su asiento.
Pronto se recompone, porque durante cuatro horas hablarán 51 personas y solo dos defenderán reeditar la coalición con el PSOE. Los adjetivos dedicados a Caballero se mueven entre «dictador», «presidencialista» y otros irreproducibles. Las intervenciones son contundentes. Si Esquerda Unida, Os Verdes y otras fuerzas de izquierda suben, «estamos facendo mal as cousas», resume en la asamblea el hasta ahora concejal de Cultura Xesús López, que pide «unha refundación». Es la tesis que siguen los también ediles María Méndez o Xabier Alonso. Eudosio Álvarez y Iolanda Veloso no hablarán esa noche, pero coinciden.
Una de las intervenciones más encendidas es la de la diputada del Bloque en el Congreso, Olaia Fernández Davila. Es muy crítica con haber ofrecido a Caballero los votos que lo investirán alcalde a cambio de nada. «¿Quen tomou a decisión?», grita. Y ya fuera de su tiempo, sin micro y con la voz en cuello, Davila se pregunta si el Bloque es un palmero -en realidad emplea una palabra mucho más dura- del PSOE. La militancia rompe a aplaudir. «¡PSOE e PP a mesma merda é!», apoya alguien.
Hablan también el ex alcalde Lois Castrillo -hace una defensa de su sucesor-, Xabier Toba -muy crítico con las dos corrientes internas mayoritarias-, Henrique Viéitez, Carme Adán, Serafín Otero -defiende que el BNG tiene que llegar más a la ciudadanía-... Todos coinciden en reconocer el gran batacazo electoral, en hacer una fuerte autocrítica y en reclamar que el Bloque tenga «unha mensaxe política».
El golpe de mano
Santiago Domínguez defiende que la gestión municipal ya tiene mensaje político. A la hora de votar si pactan, ningún dirigente de peso está entre los 30 que levantan la mano a favor del pacto, entre los que hay algún trabajador municipal. Un aplastante 70% dice no.
Pero la intervención clave del líder llega al final. La asamblea roza el punto de ebullición. El conflicto lo provoca la propuesta del Movemento Galego ao Socialismo (MGS). Capitaneados por Antolín Alcántara, quieren que los militantes debatan si se corta la cabeza del líder, ya ratificado por el consello local. Como el asunto no está en el orden del día, se produce una discusión muy tensa.
La zanja el propio Domínguez. Coge el micro y exclama: «A prensa esta aí fóra. Se alguén pensa que vou saír dicindo que non se votou se se me cortaba a cabeza, está equivocado». Es un órdago. Hay militantes partidarios de convocar una asamblea ad hoc sobre la continuidad del líder municipal. Pero Domínguez deja claro que no tiene ningún «apego» por el cargo y la militancia sabe que no es el momento de cortarle la cabeza. Solo trece personas -el MGS, un sector de la CIG y algunos de Galiza Nova- votan contra el portavoz, frente a 97 que lo respaldan y 6 que se abstienen.