Padre e hijo continúan el oficio de los relojeros, pero adaptándose a los tiempos
06 jun 2011 . Actualizado a las 12:14 h.En la familia Pagán no suelen llegar tarde. Al menos, no deberían. Fulgencio y su hijo, Pedro, trabajan juntos en la empresa familiar cuyos orígenes se sitúan en Cartagena. «Yo empecé con mi padre a los 15 años, que a su vez se inició en el oficio en 1921. Tras la guerra se vino a Vigo con la intención de embarcarse hacia Venezuela, pero llegó en un momento en que cortaron la emigración durante seis meses», cuenta Fulgencio.
La espera se transformó en estancia permanente, ya que terminó montando un taller en la calle Vázquez Varela, que siguió funcionando hasta que hace 16 años tiraron el edificio. «En aquel entonces trabajábamos sobre todo para astilleros, que nos traían los aparatos de control de los barcos, y nos ocupábamos también del mantenimiento de los trasatlánticos que iban a Sudamérica». Fulgencio estudió además en la Escuela de Maestría para ampliar conocimientos de mecánico y, además, durante 19 años trabajó en Citroën compaginando el oficio que heredó.
Relojero o cambiapiezas
Aunque comparte quehacer, Pedro, su hijo, no se considera del gremio, y lo explica: «Yo no soy relojero. Mi abuelo decía que el relojero es el que era capaz de montar y hacer el reloj, los otros eran cambiapiezas y yo no toco la mecánica, lo mío es la relojería industrial eléctrica, electrónica e informática», aclara. Pedro trabajaba para Apple cuando empezaron a llegar los relojes digitales conectados al ordenador. «Mi padre llevaba el servicio técnico de una empresa de Madrid que fabricaba relojes de control y me animó a llevar la venta e instalación. Me arrepentí muchas veces de dejar Apple», reconoce, «pero trabajar para ti tiene sus ventajas... y también sus inconvenientes», añade. Su padre opina que «la relojería fina es el único oficio que no se cobra por horas. A la gente le parece caro, pero no lo que le cobra un fontanero», asegura tras recordar que en una ocasión una mujer le dijo que no se comparase con ellos.
El patriarca es consciente de que el oficio está desapareciendo. «O pasa de padres a hijos, o se acaba. Nadie se puede permitir coger a un aprendiz, no compensa», reflexiona. Ellos forman parte de una estirpe que tiende a la extinción. En la década de los 40 los Pagán se establecieron en Vigo, dando siempre prioridad al taller, aunque cuentan con un establecimiento de venta al público de relojería y joyería en la calle María Berdiales. Fieles a la tradición relojera, que forma parte de su lema, por su casa han pasado, y siguen pasando, toda clase de relojes de todo tipo y época. «En los años 60 empezamos a distribuir sistemas de relojería industrial y con los años hemos evolucionado con la tecnología y hoy en día instalamos todo tipo de relojes para control en la industria», cuentan.
De torre y campanas
A principio de los años 80 instalaron su primer reloj de torre y actualmente son más de un centenar los que repican por toda Galicia y media España gracias a ellos, que han recuperado muchos toques tradicionales. «Nos hemos especializado en este trabajo y hoy podemos ofrecer posibilidades que van desde la reparación, restauración y mantenimiento de relojes mecánicos, hasta la instalación de nuevos, incluyendo carillones electrónicos, sonorización automática de campanas o movimiento de autómatas, con el asesoramiento del campanero oficial de Brujas», aseguran. De todas formas, cuenta Fulgencio, «los relojes mecánicos ya no se instalan por el mantenimiento y el alto coste que supone. Se dejan como piezas de museo», afirma. En Vigo, la familia Pagán instaló los nuevos equipos de la iglesia de Fátima y el museo Marco, y se ocupan del mantenimiento del del Banco de Santander y Renfe. Van como un reloj.
Fulgencio y Pedro tienen formas diferentes de ver cómo atajar los problemas que aquejan a su profesión, como la competencia que sufren por parte de los comerciantes que venden relojes sin ningún tipo de garantía. El padre apuesta por la diplomacia; el hijo, por un ataque más contundente a los que arruinan al sector.