19 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Vivimos tiempo de relevos, significados en la mudanza que se ha vivido en el Concello estos días. Los socialistas se instalan en sus despachos, descubriendo que gozan de más espacio que nunca: Tienen sólo para ellos toda la primera planta del ayuntamiento. Los nacionalistas se trasladan a sus nuevos aposentos en la torre, descubriendo las espléndidas vistas que su militancia, que no sus votantes, les han obligado a disfrutar. Y en el Partido Popular comienza la ya tradicional estampida postelectoral, que hace que, al término de la legislatura, se haga difícil conocer a alguien de quienes forman su grupo municipal.

Las fotos de la semana nos muestran signos de cambio en todos los órdenes. Vemos así a Chema Figueroa posando como futuro líder del PP vigués. Lo presentan como el buque insignia de la renovación, lo que por edad -medio siglo- podría entenderse. Pero, por tiempo en el cargo, el elegido no deja de resultar asombroso. El concejal lleva un total de 24 años en la Corporación, en la que ingresó en el año 1987. Se trata, por tanto, de seis mandatos y la actual será la séptima. Cuando la Seguridad Social le envía su vida laboral, el único concepto que aparece es el de «concejal».

Por tanto, «renovación» tal vez no sea la palabra más oportuna. Bastante hará Figueroa si sabe -que sabe- poner orden y marcar el rumbo para que su partido se renueve en el futuro.

Por ello, lo más propio sería hablar de «transición». Algo parecido a lo que sucede en el Gobierno del Estado, entre Rodríguez Zapatero y Pérez Rubalcaba. Raya lo increíble que se presente al ministro del Interior como la «renovación» del PSOE. Cuando resulta evidente que el futuro candidato socialista pertenece a la generación del pasado, anterior a la de ZP, la que gobernó con Felipe González. No es raro que la juventud se sienta molesta, cuando ve que su momento de alcanzar el poder no sólo se aplaza, sino que se busca a los líderes en generaciones hacia atrás.

En economía, vivimos también cambios. El momento clave se vivió esta semana en Monte Pío, la residencia del presidente de la Xunta. Feijoo, que decía querer conservar la «galleguidad» de las cajas, ratificaba el traspaso de poder a un gestor llamado Castellano. Al margen de la curiosidad, allí estaban los de siempre, con Gayoso en primera fila de la foto, a sus 80 años. También aparecía Salvador Fernández Moreda, que sigue en vanguardia, pese a la formidable derrota de los suyos en las municipales, que le llevó a perder por goleada A Coruña, Ferrol, Santiago y la Diputación. Por tanto, tampoco aquí hay relevos. Como mucho, transiciones.

Así que ya no sirve ni el cinismo de Lampedusa de «cambiar todo para que nada cambie». En el fondo, todo es lo mismo, nada muta, todo permanece.

eduardorolland@hotmail.com