Dieciocho años después de que Fraga inventase el Xacobeo, la Xunta sigue sin determinar cuál es el trazado definitivo del Camino Portugués, que discurre de Tui a Compostela. Como consecuencia del caso, los juzgados han tenido que archivar dos denuncias por daños al patrimonio histórico, aduciendo que no pueden saber por dónde discurre la senda realmente.
Aunque la cosa parezca incluso escandalosa, lo cierto es que entra dentro de la normalidad. El Camino Francés, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993, no fue reconocido por la Xunta hasta el año pasado. Hubo de esperarse al Xacobeo 2010 para que se aprobase el trazado. Sólo a partir de ahora podrá la Justicia castigar a quienes atenten contra la ruta.
El Camino Portugués y otras cuatro sendas seguirán esperando, mientras queda impune todo atentado contra este patrimonio. Al no reconocerse de forma oficial el trazado, por lo visto cualquiera puede desviar el camino o echarle encima una capa de asfalto. Las denuncias serán archivadas.
En un país así, no es extraño que desaparezca el Códice Calixtino. Lo raro es que no se lleven también la Berenguela y el Botafumeiro.
El patrimonio histórico gallego, además de muy rico y diverso, está también muy espallado, como corresponde a un país con 35.000 aldeas, de las que más de mil quinientas están abandonadas y otras setecientas cuentan con un solo vecino. Pero la dificultad de proteger esta riqueza no es excusa para otra realidad: El poco respeto por el patrimonio cultural.
El pasado otoño, un alcalde del área metropolitana de Vigo autorizó la destrucción con una excavadora de unos petroglifos milenarios. Consumado el estropicio, ocupó su lugar una plantación de kiwis. Cuando unos vecinos, alarmados, protestaron, el regidor respondió: «El progreso de nuestro concello no se va a parar por cuatro piedras». En cualquier lugar civilizado, a un tipo que dice esto habría que correrlo a gorrazos. Pero, en las últimas elecciones municipales, sus electores, sin duda admirados por tanta sabiduría, le premiaron con una nueva mayoría.
Con el Xacobeo pasa algo parecido. En dos décadas, la Xunta se ha gastado una fortuna en conciertos y cuchipandas. Todo dinero ha sido poco para pagar la presencia en el Monte do Gozo de los Rolling Stones o de Bruce Springsteen. Pero se ve que no había cuartos para contratar arqueólogos y otros técnicos que cataloguen el patrimonio o tracen la propia ruta.
Esta es la gestión del país porque la defensa del patrimonio cultural no da votos, lo que nos hace a todos un poco responsables. Se ve que pasamos del tema. Como lo demuestra el éxito electoral del pedazo de gañán de los kiwis y los petroglifos.
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