Cuando el viajero llega a Peinador, contempla asombrado el vistoso colorido de taxis que se ofrecen a su vista. Los hay azules, marrones, grises, verdes, amarillos y blancos. Y, para aumentar la emoción, los coches tienen tres tipos de escudos diferentes, correspondientes a los municipios de Vigo, Mos y Redondela.
Ante este panorama, el turista debe tomar una decisión: ¿Cuáles, en esta graciosa paleta de colores, serán los taxis oficiales? ¿Tendrán precios distintos? ¿Qué consecuencias me esperan si tomo una tonalidad equivocada?
Situaciones así son comunes en ciertos aeropuertos tercermundistas, donde cualquiera puede constituirse en taxi, utilizando su coche particular o aun uno de otro, prestado o no. También ocurría en el Moscú de los años 90, donde una vez me paró a mí un coche privado, mientras esperaba un taxi, que resultó ser un ingeniero empobrecido, que en sus ratos libres, de vuelta a casa, se ofrecía a trasladar turistas al aeropuerto.
Sin embargo, una estampa como la que ofrece Peinador, en materia de taxis, no suele esperarse de un país moderno como el nuestro, tan dado a una perfecta organización, dicho sea con todo el sarcasmo.
Para explicar esta situación, suele aducirse que el aeropuerto de Vigo ocupa también terrenos de Mos y de Redondela. Que están allí una parte de las pistas. Y, por una lógica de Perogrullo, se ha concluido que, por esta razón, los taxistas de ambos municipios pueden también operar en Peinador.
Un argumento tan absurdo sólo puede provenir de la clásica cacicada con la que opera la política en Galicia. De ese afán de contentar a todos y repartir favores. Porque, con esta lógica, en el aeropuerto de Barcelona, como está situado fuera de su término municipal, sólo podrían operar los taxis de El Prat del Llobregat. Y, en Madrid, como ni la T4 está en el propio municipio, los únicos taxis autorizados serían los del pueblo de Barajas.
Para estas cosas serviría, por ejemplo, un área metropolitana. Para acordar que, si se permite que los taxis de Mos y Redondela operen en Peinador, se unifique al menos su aspecto y se les dote de un taxímetro. Para que esto no parezca una república bananera.
Una idea adicional sería identificar los taxis del área metropolitana con colores característicos, que serían el blanco, con el rojo para puertas delanteras y el maletero. Algo así como lo que hacen en Barcelona, en amarillo y negro. Además de visibles, los identificaríamos también de viaje.
Pero esto es a mayores: Lo básico es dar arreglo a una estampa que nos da mala imagen en la misma puerta de nuestra casa.
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