La cruz del Castro está dedicada a los muertos del bando franquista
14 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.«Conmemora el sacrificio de 330 de sus hijos que dieron su vida por España en la Cruzada. En bronce y granito del país, la ofrenda de Vigo a los caídos, es el más importante monumento de la ciudad». Los titulares de El Pueblo Gallego del 14 de septiembre son claros. La cruz inaugurada aquel día por el dictador Francisco Franco estaba dedicada a los vigueses que, voluntaria o forzadamente, militaron en las filas franquistas y murieron durante la guerra civil.
La prensa falangista incluso recordaba aquel mismo día la procedencia parroquial de los 330 vigueses fallecidos en el bando nacional. 33 eran de Teis; 17, de Cabral; 19, del Sagrado Corazón en el Areal; 83, de Santiago el Mayor; 50, de Santa María; 27, de Bouzas; 15, de San Andrés de Comesaña; 18, de Coruxo; 4, de San Miguel de Oia; 20, de Valadares; 11, de Castrelos; y 18, de Freixeiro.
La inauguración de la cruz se producía un día después de que don Juan Carlos de Borbón y doña Sofía de Grecia anunciasen su compromiso de matrimonio. En aquella víspera de las inauguraciones, Carmen Polo de Franco realizaba una de aquellas visitas que tanto temían los comerciantes de la calle del Príncipe. Estaba acompañada por uno de los alcaldes menos recordados de la historia de Vigo, Salvador de Ponte y Conde de la Peña.
Los alféreces provisionales y excombatientes que acudieron a las 11.30 horas del 14 de septiembre, a la que después se llamaría plaza de División Azul, también sabían que el monumento recién inaugurado estaba dedicado «a los suyos». Por eso, aquel día acompañaron a Franco muchos jóvenes entonces afiliados a la Organización Juvenil Española, la cantera de la Falange.
La Iglesia, al revés de lo que ocurre hoy en día, estaba totalmente entregada al Gobierno. El obispo de Tui-Vigo, José López Ortiz, acudió con su hisopo para bendecir el monumento, que tanto se resiste en la actualidad a dejar espacio a la naturaleza.
No debió de acudir, aquel mismo día, a las islas Cíes para bendecir el obelisco construido en honor de Franco porque, a diferencia de la cruz, aquel fue derribado hace tres años. El propio gobernador civil de entonces, José González Sama- García, recordaba el sentido de aquellas inauguración: «obelisco conmemorativo con el que perpetuaremos la lealtad a Franco».
Quizá por ello, la Delegación Provincial de Trabajo autorizaba el cierre de establecimientos comerciales y centros de trabajo durante la visita de Franco. Las autoridades querían «un homenaje entusiasta de la ciudad».
El Generalísimo agostaba en el Pazo de Meirás, en A Coruña, y a mediados de septiembre solía caerse por Vigo. Aquel 14 de septiembre de 1961 no solo visitó las factorías de Citroën y Pontesa, en Pontesampaio. Inauguró la famosa cruz y el desaparecido monolito y, lo más llamativo de todo, inauguró la Estación Marítima, que funcionaba desde junio de 1959.
En cualquier caso, la ciudad de Vigo se gastó cerca de un millón de pesetas en la confección de la cruz de los caídos franquistas. Fue proyectada por el arquitecto municipal Emilio Bugallo Orozco y participó como escultor el jovencísimo artista Xoán Piñeiro.
Franco inauguró el monumento acompañado por excombatientes y falangistas